EL ECO DE LA CALLE

EL ECO DE LA CALLE

Quisiera pensar que la vida es alguien con quien hablar, alguien que busca un amigo, alguien con quien unirse y soñar. Con quien caminar despacio cuando ya no puedes más, cuando ves que el mundo corre sin tú poderlo alcanzar. Soñar que la vida es un regalo y nada más, que está dentro de nosotros para compartirla poco a poco con los demás. Unos ojos que te miran, que no ocultan que estás, una palabra, una escucha, una sonrisa para poder dar, la mano que tanto anhelas, con quien quieres caminar, la mano que te enseña el camino por donde debes andar. Buscando la vida, buscando encontrar, ese mundo donde este sueño se haga realidad.
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AMADA MÍA

AMADA MÍA

La distancia dejó hace mucho
de ser un obstáculo para amarnos,
aprendimos a compensar con calidad
los días que no podremos recuperar,
a desnudar y explosionar en una noche
todas las fases de la luna,
a recuperar con cada amanecer
la tentación de alcanzar los nuevos retos,
a saciar sin compasión
nuestra sed de besos y deseos.
Hemos buscado encontrar en la voz,
un poco en las palabras y siempre
en un mismo cielo que nos cobija,
la fuerza de los detalles, del ensueño,
el encanto de los sonidos y susurros
provocados en los momentos únicos,
la magia de las sensaciones y
el vendaval de la inspiración
que llega y se desborda contigo
en cada instante compartido.
Ambientar por ejemplo un abrazo cálido
y un beso que acaricie tus pestañas en fuga,
tiene el compromiso de hacerte volar,
como cuando juntos reinventamos el tiempo,
delirando con la caricia que llega nueva,
a descubrir paisajes de ensoñación
y manjares exquisitos,
tiene la urgencia de sentir aquellos
te quiero. sin sonido y con tanta fuerza
que soñar pareciera innecesario.
Hablarte, escribir o soñarte siempre,
son las armas para enfrentar el tiempo:
impasible y definitivo,
espacio irreducible que angustia,
que pretende corroer la memoria,
más inútil su esfuerzo,
porque nuestro amor crece incesante, vive
y se nutre aún más con las expectativas
de los días y de cualquier espacio

 

para agigantarse, porque es eterno.
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Apuntes para dibujar un borrador

Apuntes para dibujar un borrador

No es que el paisaje sea triste,
es que la nube de frailejones calla
y observa impasible el vuelo señorial
del viento, del cóndor,
del cóndor como viento.
Es que el paisaje es profundo y amplio
profundo hacia la bóveda azul
donde el Chiles y el Cumbal
besan con sus picos albinos
su vientre inmenso e intenso;
amplio como el frío
que cala hasta los huesos
y mantiene despierta el alma.
Es que el paisaje es único,
es que el paisaje es nuestro,
y es que comulgando con sus faldas
nosotros somos el paisaje.
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Deambulando

Deambulando

Siento que navego a ciegas,
porque perdí mi lucero guía
y no sé donde estoy
ni hacia dónde voy. 
Es que mis alas locas sin control
desorientaron su vuelo,
irrumpiendo torpes el vuelo grácil
de mi hermosa bandada. 
Fiebre icariana que vertiginosa
pretendía hundir hasta estrellar
aquel sin par vuelo en formación,
plácido, rico, espectacular. 
Había que redomar
esta demencia inconsciente,
en cielos limpios, sin más compañía
que la pasión por recuperar mi lucero. 
Ahora mismo apenas puedo
disparar al azar bengalas índigo,
para que encuentres en sus trazos
mi cordura y mis infinitas ansias de tu cobijo. 
Para que mis roncos gritos de auxilio.
encuentren tus gorjeos,
el concierto de nuestro acompasado aletear
y en la misma faz del sol
nuestras sombras danzando juntas
alegres, completas, felices.
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YO PUEDO

YO PUEDO

 

Tienes el alma llena de garabatos y un corazón cargado de latidos que piensan disparar tinta a la primera hoja en blanco que vean.
Y es que te han contado tantos cuentos que ahora ya no crees en los buenos y solo puedes ver lobos aullar cuando unos labios se abren y dicen te quiero sin dudar.
Te has creído tantas versiones que ya no sabes cuál es el original y te has terminado conformando con las copias.
Tienes una mirada deseando reflejarse en unos ojos que sepan verte.
Y es que te has chocado tantas veces que ya ni duele pero hay muros que llevan tu nombre y hasta las piedras se hacen a un lado cuando te ven llegar.
Te has acostumbrado a ir dando palos de ciego y ahora que ves un poco de luz te asustas y aprietas pestañas con pestañas para seguir sin ver un mundo que te llama y te asusta por igual.
Tienes la vida
y tus ganas siempre fueron algo granada,
así que, tira,
que explote el miedo
y, al fin, puedas ser libre
y decir aquello de yo puedo.

 

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NO DIGAS NADA

NO DIGAS NADA

 

Dime cómo lo haces,
prometo no contárselo a nadie,
nunca,
jamás,
pero es que ha sido verte
y entender a los mapas y su eterna manía de perderme;
también de los daños,
lo largo que se ha hecho el tiempo,
incluso de los veranos y su costumbre de dejar pasar a los inviernos.
No me hagas caso,
no digas nada,
deja que ahora hable yo.
No me llevarán a ningún sitio tus explicaciones,
por mucho que lo intentes,
seguiré sin saber
por qué no me he dado cuenta antes
que tu pecho no era el camino,
que tu pecho ha sido siempre,
siempre,
el destino.