¿QUÉ APORTAN LAS EDITORIALES?

¿QUÉ APORTAN LAS EDITORIALES?

Muchos dirán que con el surgimiento de Internet la labor de las editoriales ya no es necesaria, porque un autor puede autopublicarse. Es una opción y, quien lo desee y tenga tiempo para hacerlo, me parece una idea fantástica y una aventura que, seguramente, vale la pena intentar.

Cabe aclarar que sí hablaré de autoedición en contraposición a la labor de las editoriales no es porque esté en contra de la primera, sino porque me resulta más fácil hacer el análisis si contrapongo dos o más factores y, en este caso, la autopublicación es el proceso que estaría del otro lado de la acera de las editoriales.

Entonces, ¿por qué los autores quieren publicar con las editoriales? Por el valor que éstas aportan. Y aunque es frase hecha, es así. Y este valor está dado por:

  • La producción: producir un libro significa: corregir el estilo y la ortografía del manuscrito; seleccionar el formato del libro y los materiales con los que se hará; (los formatos, en el caso de los ebooks); diseñar los elementos exteriores del libro (en el libro impreso corresponde a la portada, la contraportada, el lomo y las solapas y la faja si también se quiere incorporar; en el libro digital sería solamente la portada); diseñar el interior del libro y maquetarlo; preparar los archivos para enviar a imprenta o prepararlo para comercializarlo digitalmente; elaborar la estrategia difusión de la obra y establecer las acciones de marketing online y offline a desarrollar, considerando también si es necesario producir material extra para la promoción (puntos de libro, Book trailes, portadas animadas, etc.). Todas estas tareas constituyen un gran valor añadido en la edición de contenidos que difícilmente lo pueda realizar una sola persona, incluso quien se autopublica puede realizar algunas de las tareas, pero tendrá que echar mano de otras personas si quiere lograr un producto digno.
  • El canal: las editoriales poseen un canal de distribución al cual un autor no podrá acceder por sí mismo. Cuando se habla de «canal de distribución» del sector editorial se hace referencia a las distribuidoras de libros al por mayor, es decir, a las empresas que venden los libros a las librerías nacionales e internacionales (no lo hacen las editoriales). Acceder a estas empresas como particular y para que distribuyan una sola obra – o muy pocas – es imposible. Por tanto, las editoriales aportan un canal de comercialización nacional e internacional, que un particular no puede abarcar. Situación similar sucede en el entorno digital: la fuerza de una distribuidora digital frente a las librerías online es mucho más potente que la injerencia de un particular.
  • El punto de venta: sucede que con el canal. Las librerías compran a las distribuidoras de libros, por tanto si se desea que un libro esté disponible en las librerías u otros puntos de venta, como grandes superficies o supermercados, sólo es posible llegar a ellas a través de la publicación en una editorial que comercializa sus libros a través de una distribuidora. En este sentido, las editoriales aportan garantía de visibilidad de la obra en los puntos de venta y fortaleza comercial. Es cierto que cada vez es más difícil lograr que un libro esté a la vista por un tiempo considerable en las librerías, pero esto no se debe porque la editorial no tenga acceso al punto de venta, sino a la desorbitada cantidad de novedades y títulos que se publican. En el caso de las librerías online sucede lo mismo: se accede a sus escaparates virtuales a través de las plataformas de distribución digital.
  • Marketing: las editoriales tienen fortaleza extra para elaborar una estrategia de difusión y promoción, y establecer las acciones para dar a conocer un libro, porque poseen más recursos materiales y humanos para llevar a cabo estas tareas. Son empresas conocidas por otros libros que han publicado antes y ya constituyen una referencia para el lector, y también porque saben por experiencia previa qué acciones de marketing funcionan mejor para determinado tipo de libro. Las acciones de comunicación se amplían y multiplican si las realiza una editorial. Además, cuentan con una base de datos de lectores y persones interesadas en sus libros a los que saben cómo transmitirle información sobre un libro y contactos «importantes», que siempre vienen bien.
Para resumir, las editoriales poseen un saber hacer que aporta un valor añadido al contenido, sea éste plasmado de forma impresa o digital. No importa si es una gran casa editora o una mediana o pequeña editorial, en cualquier caso todas contribuyen a sumar valor al libro, de una u otra forma.

 

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LOS AGENTES LITERARIOS

LOS AGENTES LITERARIOS

Las transformaciones que el sector editorial ha experimentado en la última década han sido varias y a raíz de muchos factores, entre los que se encuentran la popularización de Internet, el surgimiento de plataformas de autopublicación, la desmaterialización del libro y la eclosión de la versión digital del mismo, la irrupción de empresas tecnológicas que ganan terreno en lo editorial y muchos otros factores que cuestionan la cadena de valor de la producción del libro.

Entre estas circunstancias, una es la necesidad de reconversión de los actores de la cadena de valor del libro y de las tareas que realizan. De esta forma, los editores han tenido que adquirir nuevas competencias – en especial las relacionadas con el mundo digital -, los autores aprender a manejar herramientas de marketing online, y los agentes literarios no han escapado de esta realidad.

Manuel Gil y Joaquín Rodríguez en El paradigma digital y sostenible del libro explican muy bien esta transformación, y de qué manera se recompondrá la cadena de valor y los papeles que cada uno de los agentes asuma, de qué forma se alterarán las competencias que se daban por consabidas y que ahora habrá que desaprender.

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Ser agente literario ya no es lo que era y esta profesión ha tenido que reinventarse,
como todas las demás dentro del sector editorial. Es más, los agentes han tenido que asumir como propias algunas tareas que antes estaban en manos de las editoriales, como la recepción de manuscritos o la publicación de títulos, o labores tradicionales del librero, como el contacto con los lectores.

Muchas editoriales no aceptan la recepción de manuscritos y sólo llegan a ver aquellos originales que solicitan expresamente, los que reciben a través de un agente o los sugeridos por algún autor que ya publican. De esta forma, se ha producido una traslación de tareas entre los actores de la cadena y, en el caso de los agentes literarios ahora son quienes reciben y evalúan la calidad de un manuscrito, las correcciones que hay que efectuar, la edición que necesita, la unificación de criterios, etc.; es decir, realizan una actividad que hasta no hace mucho tiempo era exclusiva del editor.

Otro ejemplo de esta transformación se evidencia en el surgimiento de libros electrónicos impulsados directamente por agencias literarias. La pionera fue Carmen Balcells que, en 2009, presentó la colección Palabras Mayores, conjuntamente con Leer-e, una plataforma que comercializa libros y lectores electrónicos. A nivel internacional, en 2010, hizo lo propio Andrew Wylie con el lanzamiento de Odissey Editions y con comercialización exclusiva a través de Amazon.

Hace años nació la colección de libros electrónicos ibuku, también dentro de la plataforma Leer-e, dirigidas por varias agencias literarias y que, como ellas expresan en su página de Facebook, es una colección «en la que se encuentran libros que no tienen sitio en el mercado actual editorial, es decir descatalogados e inéditos que no encajen dentro de las líneas editoriales pero que vale la pena que se publiquen.» Esta colección ha sido impulsada por las agencias literarias Bookbank, CBQ, Ilustrata, imc, International Editors’ Co. y Susanne Theyne & Asociados y los ebooks tienen precios muy accesibles.

Lo mismo ocurre con AK Digital, que distribuye a través de diferentes plataformas online. Es un proyecto de la agencia Antonia Kerrigan que tiene como fin ayudar a los autores que representan en la publicación digital de libros editados en el pasado y que estén libres de derechos, y aquellos títulos inéditos que no han podido encontrar un lugar en la publicación a través de una editorial.

Otro ejemplo que va en la misma dirección es SBebooks de la agencia Sandra Bruna, «un servicio literaria de obras en las plataformas elegidas por su autor.»

Se han multiplicado los productos y los soportes donde la obra de un autor puede encontrar un lugar. Las obras de los autores representados por los agentes literarios pueden ser el contenido no ya sólo de un libro – y, en el mejor de los casos, también de una película – sino que ahora este contenido puede ser el corazón de una aplicación para móvil o transformarse en otro producto multimedia que hasta unos años no estaba dentro del panorama de la edición. Tal es el caso de El Laberinto de la Felicidad, de Alex Rovira y Francesc Miralles, que se publicó en Aguilar por primera vez en papel en 2007 y seis años después, en 2013, Enhancingebooks lanza una app para iPad. Si hablamos de contenido para el entorno digital, los formatos que puede adoptar un contenido se multiplican y escapan al libro tradicional.

Además, las agencias se han abierto al gran público, a los lectores. Hasta hace poco tiempo no se sabía demasiado de las agencias porque se movían entre los autores y las editoriales. Eso ha cambiado, se han hecho visibles, y su presencia es mucho más activa en las redes sociales, donde se encuentran los lectores y prescriptores de libros. Así, encontramos páginas de Facebook de agencias literarias que tienen más seguidores que varias editoriales, y lo mismo sucede si se indaga en los perfiles de Twitter de estas agencias.

Por otro lado, con el surgimiento de nuevas licencias relacionadas a la propiedad intelectual el abanico de posibilidades se amplía. Así, encontramos con ejemplos como Todo va a cambiar, de Enrique Dans, que está publicado en versión impresa y en digital por el sello Deusto y también gratuitamente en una página web, enriquecido, con licencia copylefty en una versión que han denominado edición social.

En resumen, aunque el trabajo principal del agente es ser el representante del autor – con todo lo que ello implica y que no es poco – ha tenido que saber adaptarse al nuevo entorno de la edición. Estos ejemplos evidencian que los agentes no tienen ya como cliente único a las editoriales interesadas en los contenidos de sus escritores; que se enfrentan a nuevos modos de explotación de los derechos de sus representados y que por las circunstancias actuales de la edición han tenido que acercarse más al lector. Y lo mismo pasa con otras profesiones que intervienen en la industria editorial: lectores profesionales, editores, maquetadores, correctores, profesionales del marketing, libreros, bibliotecarios, etc.

«Te reinventas o te quedas fuera» es una de las máximas de la edición actual. Y aquí estamos, reinventándonos también.

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CONTRATOS DE EDICIÓN

CONTRATOS DE EDICIÓN

La semana pasada un escritor, que está comenzando su andadura como tal, me preguntaba sobre los contratos que se firman entre autor y editor para la publicación de una obra. Estaba interesado en qué debía contener dicho contrato, cómo se estipulaban los porcentajes, a qué tiene derecho el autor y a qué no, etc.

Es decir, hablábamos sobre las particularidades de los contratos de edición y, especialmente, de por qué las condiciones son las que son y no otras.

Aunque no existe un contrato por excelencia que sea indiscutible y no modificable, si existen contratos estándares que han surgido como parte de un acuerdo entre asociaciones y que son los que se toman como referencia a la hora de firmar este tipo de acuerdos.

A estos contratos estándares el editor y el autor – y el agente literario, si el escritor cuenta con uno – pueden modificarlo y adaptarlo a sus necesidades. Que la otra parte acepte las condiciones es otro cantar. Y la parte más fuerte – el más poderoso – será quien establezca las condiciones contractuales y quien presente el borrador sobre el cual se avanzará.

Para aquellos a quienes les interese adentrarse en los contratos de edición de publicaciones,
en la página web de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) pueden encontrar los modelos de contratos de edición comentados, donde se detallan cada uno de los pactos de estos acuerdos que ayudan a clarificar la naturaleza de los mismos y comprender el porqué de las cláusulas. Los comentarios y recomendaciones han sido elaborados por el asesor jurídico de ACEC Mario Sepúlveda y, como se explica en la página web de la ACEC, «el esquema de los comentarios (…) comprende tres aspectos fundamentales:

  • La referencia legal sobre cada cláusula para conocer la manera en que la vigente Ley de Propiedad Intelectual delimita ese supuesto concreto.
  • Un comentario explicativo o aclaratorio respecto de cada pacto del contrato tipo.
  • Y, si cabe, una sugerencia o recomendación atinente a la cláusula concreta que se comenta.»

Estos contratos surgen como estándares del acuerdo entre la Associació d’Escriptor en Llengua Catalana (AELC), la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) y el Gremi d’Editors de Catalunya. El acuerdo se firmó a mediados del año 2009 y en septiembre de 2011 se agregó el modelo de contrato de edición digital. Lamentablemente, no se encuentra comentado este acuerdo, que considero sería, en estos momentos, el más provechoso para desentrañar y debatir.

Los modelos de contratos que están disponibles para descargar gratuitamente desde la página web de la ACEC son:

 

  • Contrato de edición.
  • Contrato de edición por encargo de obra
  • Contrato de traducción
  • Contrato de traducción a tanto alzado
  • Contrato de cesión de derechos por obra colectiva
  • Contrato de edición digital
  • No hay modelos de contratos de ilustración.
Vale aclarar que cada entidad, sea una universidad, una organización con o sin fines de lucro, una casa editora, un editor particular o una fundación, suelen poseer sus propios modelos de contratos de edición donde se establecen los derechos y las obligaciones de cada una de las partes. Por tanto, lo importante y primordial es centrarse en las cláusulas del contrato que se va a afirmar in situ, analizar y contrastar, preguntar ante la menor duda y asesorarse con un profesional en la materia. Todos los contratos pueden parecerse, pero todos poseen diferencias y repercuten de diferente modo a lo largo la vida de la obra, y del autor (ya sea en el aspecto legal, comercial, jurídico, de promoción, etc.) Si quieres descargar todos los modelos de contratos de edición en Word y en PDF y los contratos comentados en Word sólo tienes que hacer clic en el enlace anterior.

 

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¿HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A LA TIPOGRAFÍA EN LA EDICIÓN DIGITAL?

¿HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A LA TIPOGRAFÍA EN LA EDICIÓN DIGITAL?

La pregunta del título de esta entrada me la formuló un lector acostumbrado a leer en digital. Su pregunta fue: «¿para qué pierden tiempo seleccionando una fuente para un libro electrónico si para leerlos puedes seleccionar la que más te gusta?»

Esta fue la pregunta inicial que disparó el tema y seguimos indagando sobre qué relevancia tiene decantarse por una tipografía u otra cuando las plataformas y aplicaciones de lecturas, o cualquier lector de tinta electrónica, ofrecen la opción de cambiar la tipografía original para leer libros digitales. También, para qué elegir una tipografía estilo serif si luego el libro se leerá en una pantalla y las sans serif son tipografías más adecuadas para este tipo de soporte.

Entonces, ¿qué relevancia tiene la elección de la tipografía para un libro digital?

Es cierto que las aplicaciones de lectura para smatphones, ordenador y tabletas, como Kindle, iBooks, 24symbols, Kobo, y lectores de tinta electrónica permiten cambiar la tipografía original de los libros digitales para leer en sus entornos.

Ofrecen tipografías serif y sans serif para elegir con qué tipo de letra se desea leer un libro y solo hay que dirigirse al símbolo Aa (o similar) y seleccionar la que más guste o se adapte a nuestros ojos. Desde esta perspectiva parecería que la elección de la tipografía para un libro digital no tiene sentido, cuando es el lector quien selecciona el tipo de letra con la que prefiere leer.

Aunque tipografía y fuente no son sinónimos, todos comprendemos perfectamente, sin equivocación, a qué nos referimos cuando hablamos de «una tipografía para un libro» o «elegir la tipografía principal de un documento».

Por tanto, – y porque la mayoría de las personas así lo buscan en Internet – utilizaré uno y otro término para referirme a un tipo de letra, de forma indistinta.

Sin embargo, yo creo que sí tiene relevancia la selección a conciencia de una determinada tipografía para un libro; básicamente por estas tres cuestiones:


1. No renunciar a la posibilidad de publicar en otros formatos.

 

Aunque no esté planeado hacerlo en un futuro inmediato, puede surgir la oportunidad de publicar el libro en otro formato. Si se ha trabajado correctamente el archivo original, tanto en el aspecto técnico como en el estético, con una revisión y algunos ajustes, este mismo archivo sirve para exportarlo o aprovecharlo para otros formatos.
Si dentro de 3 o 6 meses se quiere publicar el libro bajo demanda, ¿qué pasaría? Que habría que hacer el trabajo de nuevo, empezando por seleccionar una fuente para el libro que se desea publicar y desarrollar una maquetación acorde, además de adecuar algunos recursos, como las imágenes, a los requerimientos técnicos de estos formatos.
¿Qué pasaría si alguien te pregunta dónde puede comprar tu libro impreso y tú tienes que decirle «es que solo está en digital»? ¿Te gustaría perder un lector por no ofrecerle la posibilidad de leer tu libro en papel?
Imagina que a ese lector le encanta tu libro y lo recomienda a otros lectores, ¿dejarías pasar una oportunidad así por no tener el libro disponible para imprimirlo bajo demanda?
Por tanto, si quieres hacer bien el trabajo y aprovechar el tiempo hay que elegir con cuidado una tipografía adecuada para la lectura del libro, además de realizar una maquetación profesional y exportar el PDF correcto, el que sirve para imprimir en una impresora digital o offset. Plataformas como Tagus, CreateSpace y Bubok exigen que el libro esté en PDF y tenga determinados parámetros para poder realizar la impresión del libro.
Tanto si eres autor como editor, imagina que te invitan a participar en un congreso o seminario y los organizadores quieren comprar tu libro para regalarlo a los asistentes ¿les dirías «es que solo lo publico en ebook»? Sería perder una gran oportunidad de que te conozcan y una oportunidad de vender tu libro máxime considerando que las ganancias serían todas para ti.
Si no tienes un archivo en condiciones, listo para enviar a imprenta, no habrá tiempo para realizar las impresiones y perderás una coyuntura poco frecuente.

2. El PDF también es un formato digital

Un libro electrónico o digital puede estar disponible, además de en EPUB y MOBI (los formatos más utilizados) también en PDF. El PDF también es un e-book, es decir, un libro electrónico, aunque tiene características diferentes a los otros dos formatos mencionados.
 
 Hay que recordar que el PDF no es «líquido», ni repaginable y no permite la selección de una determinada tipografía para leerlo. Tal como se exporta el archivo original a PDF así lo ve el lector. Si has exportado un archivo con una tipografía legible y un cuerpo adecuado, si has cuidado la elección de la tipografía, la uniformidad de los estilos de párrafos, el correcto uso de negritas y cursivas. Si has cuidado la maquetación de todo el libro el lector te lo agradecerá, siempre. Además, esto redituará en credibilidad y seriedad, tanto para un autor como para una editorial.
 
Si te has tomado el trabajo de diseñar y maquetar un libro ¿por qué no hacerlo de tal manera que pueda servir para varios soportes?
 
Si un archivo está bien trabajado – y entiéndase por «bien trabajado» como sinónimo de bien pensado, analizado y ejecutado – puede reutilizarse para otros formatos sin tener que romperse la cabeza ni comenzar prácticamente de cero todo el trabajo.
 

3. Utilizar diferentes formatos para promocionar el libro

Aunque decidas publicar el archivo solo como libro digital en formato EPUB y/o MOBI,  tener un extracto o los primero capítulos en PDF para compartir en las redes sociales de lecturas colabora en la construcción de la presencia online del autor y de la editorial.
Redes sociales de lectura como Sinedit y Liibook permiten compartir, leer y descargar PDFs de los extractos subidos por los autores y las editoriales.
Además, si alguien quiere que le envíes los primeros capítulos del libro por correo electrónico, con seguridad será más fácil hacerlo en PDF que en otro formato.
Imagina que un agente literario o un editor solicitan que le envíes el primer capítulo de tu libro ¿le enviarías un EPUB, un MOBI o un archivo de Word? Piensa, y el sentido común te dirá que lo más adecuado es un PDF…
 
Guste o no, el PDF continúa siendo el formato digital que más se utiliza para compartir y consumir gran variedad de contenidos (y no pensemos solo en novelas, que la producción de contenidos abarca mucho más que la literatura).
A lo largo de esta entrada insisto en trabajar bien el archivo original para (re)utilizarlo para varios formatos. Pero, ¿cómo trabajar el archivo de un libro para que nos sirva para diferentes soportes?
Esto lo explicaré en otro post, que no quiero aburrirte con demasiados tecnicismos en una sola entrada.
Si tú eres del grupo de los lectores que creían que no es importante la elección de la tipografía para un libro digital. ¿Qué opinión te merecen estos tres puntos que planteo? ¡Tu opinión siempre es bien recibida!
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UN ROTUNDO NO A LA AUTOEDICIÓN

UN ROTUNDO NO A LA AUTOEDICIÓN

Un escritor no debería autoeditarse. La edición de una obra propia no puede hacerla uno mismo si lo que desea es un producto (en este caso un libro) que cumpla con determinados estándares de aceptabilidad por parte del lector. Lo que sí puede es autopublicarse, cosa bien diferente a autoeditarse.

Ambos términos se han usado para referirse, indistintamente, al autor que decide publicar su obra sin el amparo de una editorial, pero la autoedición y la autopublicación son cosas bien distintas. Sólo basta eliminar el prefijo «auto» para ver que las acciones que estas palabras designan son disímiles: editar y publicar no son lo mismo.

Mucha de la terminología que se utiliza en el sector editorial en castellano proviene de términos del inglés. Edit y publish suelen confundirse y/o designar una misma labor, sin embargo son diferentes. Si edit y publish no son lo mismo, tampoco lo son editing y publishing y, por ende, tampoco lo son self-editing y self-publishing.



Autopublicarse viene a aplicarse a la acción por la que un autor, por el medio que sea, solventa por sí mismo la publicación de su libro, sea la impresión o la creación de un archivo para su posterior distribución y comercialización. Autoeditarse significa que el autor realiza sobre su propia obra las tareas propias de un editor, que son muy amplias y varadas.

Por tanto, ¿puede un autor autoeditar su propia obra? Yo creo que no, que puede autopublicarla, pero no autoeditarla, por lo menos no íntegramente. Porque, ¿puede un autor evaluarse a sí mismo si ha planteado claramente lo que quiere decir en su manuscrito? ¿La historia planteada atrapa la atención del lector desde el comienzo hasta el final? ¿Puede evaluar si los personajes que ha incluido en la novela suenan reales, dicen lo que quieren decir cuando hablan y mantienen el tono a lo largo de toda la trama? ¿Estos personajes son convincentes y están bien desarrollados? ¿Funcionan los diálogos entre ellos?

¿Puede un autor evaluar si las ideas expresadas se encadenan con una determinada lógica y los términos están bien definidos? ¿Puede un escritor determinar si su manuscrito posee un lenguaje correcto, si hay coherencia, uniformidad, sentido, claridad, fluidez y estructura en sus textos? Asimismo, ¿puede determinar si su escritura está gramatical, sintáctica y lexicográficamente bien redactada?

Mi opinión es que no, que en la práctica es imposible ser objetivo sobre lo que uno ha escrito y más todavía ser el asesor/corrector/editor de su propia obra. Y todo esto sin considerar que al tratamiento del manuscrito además deben sumarse las tareas de diseño del libro y la maquetación del mismo, la preparación de los archivos para la imprenta  o para la distribución digital (para lo que hay que tener determinados conocimientos técnicos) y todas las laboriosas y extensas acciones de promoción y marketing (que requieren también de unos conocimientos específicos).

El autor podrá realizar algunas de las tareas propias de la edición de una publicación sobre su manuscrito, pero no todas y cada una de ellas. Necesitará – forzosamente – de profesionales que le ayuden a ver su libro publicado. De ahí que la labor del editor y de otros profesionales de la edición – incluso en el nuevo paradigma de la edición digital – continúa siendo fundamental.

Por tanto, me parece importante diferenciar que la autoedición, tal como la concebimos y llamamos frecuentemente, es en realidad autopublicación: la capacidad de un autor para publicar su obra por fuera del circuito tradicional de edición, pero no la capacidad de editarla, menos de forma integral.

 

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CÓMO MAQUETAR EN WORD Y NO MORIR EN EL INTENTO

CÓMO MAQUETAR EN WORD Y NO MORIR EN EL INTENTO

Paseando y buscando consejo en el blog de Mariana Eguaras, encontré varios artículos sobre la maquetación en Word, uno de mis molinos de viento a derribar.

A pesar de todas la penurias que me ha hecho pasar, yo sigo encabezonada en maquetar en Word de una manera profesional. Conseguir un resultado que, cuando lo mires, veas un libro y no un trabajo de fin de curso de primaria.

En esta entrada te voy a resumir algunas cuestiones generales que Mariana nos lanza a la hora de maquetar un libro, tesis, trabajo final o cualquier documento en Office Word. Recibo muchas consultas relacionadas con este tema y también alguna que otra desavenencia con un autor que desea autoeditarse y utiliza Word para formatear su obra.

Por tanto, si has decidido maquetar o formatear un documento en Word (sea porque no tienes acceso a un programa profesional de maquetación o no te sientes capaz de maquetar con él, porque donde tienes que presentar el trabajo te lo piden en este procesador de textos, o por cualquier otro motivo), considera los siguientes tips antes de lanzarte a la tarea.

Ocho sugerencias para maquetar en Word.

  1. Usa una versión de Office Word (u OpenOffice) que domines: no hay nada más tedioso y que haga perder tiempo que trabajar con una versión de un programa que no conoces bien. El hecho de saber dónde están las herramientas, los botones, los comandos y las opciones hará que manejes el programa con facilidad y sin rompederos de cabeza. No importa si no es la última versión del software que está en el mercado, lo importante es que controles bien la versión del programa que utilizarás para dar forma al documento o libro.
  2. Busca, lee, consulta y aprende el tutorial del programa: será de gran beneficio una vez que te sientes a maquetar el documento. Además, si necesitas hacer una consulta sobre un problema fácilmente y no dilatar la cuestión con preguntas que se contestan fácil y perfectamente en la ayuda del programa (me refiero a «preguntontas» sobre cómo poner número de página, cómo realizar un salto de sección o cómo crear estilos de párrafos, por ejemplo).
  3. Consulta blogs y vídeos disponibles en Internet sobre maquetar en Word: te ayudará a conocer de qué va el tema antes de iniciar la labor, y te facilitará trucos y ayudas en las que tal vez no habías pensado. Hay muchos en la Red y miles de entradas en blogs sobre este tema que pueden echarte una mano.
  4. Consulta obras similares a las que vas a maquetar: si vas a formatear un documento – sea una novela, una antología de cuentos, una tesis, un libro – en Word, revisa publicaciones similares: el formato que tienen y los diferentes apartados o secciones que incluyen (índices, capítulos, prefacio, prólogo, agradecimientos, bibliografía, etc.). Fíjate en las tipografías que utilizan estas obras; el cuerpo de los títulos, las notas al pie y los párrafos; si utilizan glifos y/o imágenes. Repara en el ancho de cada uno de los márgenes y dónde está ubicada la paginación. Si utilizarás colores en el documento (para textos y elementos gráficos), elige cuáles son más convenientes según la naturaleza de la publicación y no abuses de ellos; es preferible utilizar un color en diferentes tonos que una gran variedad de colores. Unifica criterios para todo el documento y para cada uno de los elementos gráficos y textuales.
  5. Organiza el trabajo y la información de la que dispones: una vez hayas pasado por los puntos anteriores organiza la información de la que dispones y los elementos que serán parte del trabajo. Estipula las medidas de la página, de los márgenes, a qué altura irán las aperturas de capítulos, y el orden de los capítulos y de los demás apartados del documento, y, muy importante, crea estilos de párrafos. Esto, además de facilitarte la maquetación, será muy útil para elaborar tablas de contenidos e índices automáticos. Crea una plantilla estándar para tu libro. Organiza las imágenes, tablas y gráficos y decide en qué capítulo irán y debajo de qué párrafo, como también si las alinearás a la derecha a la izquierda o las centrarás. Cuanto más clasificado y ordenado de antemano tengas todo el material con el que trabajarás, más fácil será maquetar en Word. Y si haces un manual de estilo para editar el documento, mejor aún.
  6. Divide la obra en varios archivos: si el trabajo que tienes que maquetar estimas que será muy extenso o incluirá muchas imágenes, tablas y gráficos, lo mejor es dividir el libro en varios documentos. De esta forma individual. Eso sí, tendrás que organizarlos de forma adecuada y realizar una correcta combinación de todos los archivos para obtener un trabajo final satisfactorio.
  7. Infórmate sobre procesos y temas relacionados a la maquetación: como ser, la generación de PDFs para imprenta, o cómo debes presentar el archivo en la plataforma a la que subirás el documento de tu libro. Recuerda que maquetar una cubierta y contracubierta, tapa y contratapa, al igual que las solapas, conlleva diferencias a la maquetación del interior de la publicación. Si vas a convertir el archivo en un libro electrónico (ebook), con más razón debes informarte de los diferentes formatos y requerimientos para generar un archivo digital, y que los diferentes lectores de libros digitales (ereader) lo soporten correctamente.
  8. Ten buen gusto y sentido común: aunque este punto es muy subjetivo, si has observado otros slibros antes de maquetar el tuyo – libros bien diseñados y maquetados, claro está, – habrás reparado qué cosas se hacen y cuáles no en la maquetación de documentos: párrafos que miden kilómetros, sin puntos y aparte, todo apiñado, atiborrado de mayúsculas, cursivas y negritas son insufribles para ser leídos. Lo mismo pasa con la mezcolanza de colores, la sobreabundancia de fotografías, glifos y adornos que no aportan nada valioso al contenido de la obra. Piensa que una novela o una antología de poesías o cuentos destacan por su sencillez y escasez de ornamento. Si el libro es un trabajo académico o una tesis, cita correctamente la bibliografía y las referencias. Si el documento final contendrá muchos gráficos y tablas unifica criterios en el cuerpo de la tipografía, en el grosor de las líneas, en los colores y en los sombreados.
Espero y deseo que todo esto te haga más fácil maquetar tu libro en Word de forma satisfactoria y si tienes alguna pregunta, no dejes de hacerla. ¡Mucho éxito con la publicación!

 

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