REFLEXIONES SOBRE RESEÑAS DE LIBROS

REFLEXIONES SOBRE RESEÑAS DE LIBROS

No me decidía a escribir este post, pero no me he aguantado y aquí estoy.

El tema es sobre reseñas de libros. He reseñado algunos libros que tengo en mi biblioteca. Son publicaciones que me interesan, que disfruto mirándolas, consultándolas y que estimo que al comentar su contenido aporto información sobre el libro a nivel práctico o lúcido. Son publicaciones que compré o que me regalaron y no necesariamente contienen rabiosa actualidad; sin embargo, las considero interesantes por lo que comunican y por lo provechosas que me han resultado en determinados momentos.

Por la tarea que desarrollaré en los próximos meses, y en la cual ya estuve “poniéndome a punto” in situ, me sucedieron algunas situaciones que me han llamado bastante la atención y que no sé si son habituales o simplemente algunas personas tienen mucho morro.

En pocos días he escuchado y/o leído frases muy concretas donde se especifica que “si no me envías el libro yo no lo reseño” y corteses preguntas que incluían tópicos como “cuánto pagan por reseñar un libro vuestro”. Más pasmada me quedé cuando recibo un correo electrónico en respuesta a un mailing que enviamos con las próximas veinte novedades para los meses venideros. Un señor con toda su frescura (que también, parece, es un fresco) ha solicitado que se le envíen 16 ¡sí, 16 títulos! de los veinte que se citaban en el mensaje.

Cabe mencionar que entre estos veinte libros hay algunos de gran formato, a todo color y que pueden llegar a pesar tranquilamente más de un kilo (25 x 30 cm, papel estucado, 448 páginas, etc). Esto significa que significa que si multiplican estas características por varios ejemplares ni quiero pensar el bulto que conforman y los gastos de portes que insumirán para ser enviados. Y a todo esto, además, hay que considerar que tal vez no valga la pena la relación coste-beneficio de enviar los libros y el feedback obtenido por la difusión de los mismos.

Con todo esto me he preguntado varias cosas, especialmente en relación a mí:
¿Estoy desactualizada en cuanto al modus operandi del sector periodístico/bloguero?
¿Son habituales estas prácticas por parte de los profesionales de los medios de comunicación, incluido páginas web y blogs?
¿Puede una misma persona reseñar libros, por ejemplo, de arquitectura, de diseño gráfico, de vida autosuficiente, de fotoperiodismo y cuentos infantiles; con la misma pericia?
¿Soy tan ilusa que nunca se me ocurrió pedir a una editorial que me envíen un libro que puede llegar a interesarme para reseñarlo?
¿Soy tan pajuerana que reseño libros sin cobrar un fee por ello cuando parece que es una práctica habitual?

Para las dos primeras preguntas aún no tengo respuesta y tal vez, con el tiempo, encuentre alguna o varias. Es más, os agradecería enormemente que me desasnen al respecto si al leer este post tienen información sobre mis planteamientos.

A las dos últimas preguntas respondo que no. Que no porque si yo reseño un libro es porque lo he consultado, lo he utilizado y pienso que vale la pena escribir sobre el libro para que otras personas conozcan mi experiencia con él. Creo que una reseña de un libro que se ha usado para consulta puede orientarte sobre el nivel del contenido, la calidad del mismo y si realmente encontrarás lo que estás buscando en dicha publicación.

Se puede decir que esto mismo, al fin y al cabo, es lo que hace aquel que ha pedido que le envíen un libro para reseñarlo o quien cobra por escribir un texto sobre el libro. Y aquí retomo la tercera pregunta, que la contestaría a medias. Porque creo que no es lo mismo que un profesional de la jardinería reseñe un libro sobre plantas que hacerlo yo, que solo sé colocar tierra en una maceta y poner la planta que compro en el vivero. Una cosa es escribir y decir que un libro es lindo, que “me gusta” o tiene muchas fotos y otra cosa es analizarlo para que otros puedan apreciar si lo que hay en él vale la pena o no según sus intereses, desde una óptima profesional.

A favor de muchos periodistas y blogueros, que por suerte son la mayoría, debo añadir que muchos solicitan un PDF del libro de la temática que les ocupa, el material que haya disponible para difusión del mismo o si es posible enviarles un ejemplar.

Os agradecería que comenten esta entrada para saber si estoy fuera de sintonía, si exagero en mis aseveraciones o simplemente para dar vuestra opinión y sugerencia al respecto. ¡Muchas gracias!

 

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INFORMAR, COMUNICAR, LUEGO VENDER

INFORMAR, COMUNICAR, LUEGO VENDER

 “Puedes poner tu ebook o dbook (sic), sea un fixed layout o reflow layout, un iba, mobi, epub o cualquier tipo Kindle en un quiosco-app o biblioteca —que necesitas una para cada tienda, igual que las licencias—, para subir los libros a los diferentes markets y poder venderlos”.
Esta frase ficticia, y forzosamente exagerada, no es tan alejada de frases similares que pueden escucharse en una reunión entre profesionales o empresas que brindan servicios de digitalización de contenidos y los responsables de una editorial o de algunas de las áreas de una casa editora. Nos movemos en un mundo tecnológico en constante cambio, donde en un lapso muy corto de tiempo aparecen nuevos formatos, se retransforman los existentes, emanan nuevas plataformas y posibilidades de desarrollo tecnológico y, por ende, comerciales y económicas.
Esta evidente evolución hace que informar y comunicar —que son ciencias diferentes— sean dos acciones que deberían ir de la mano para poder vender. ¿Cómo puedo comprar un producto que no alcanzo a entender? ¿Cómo vender un producto o servicio a un posible cliente si éste no comprende o no conoce lo que le ofrezco? Aunque como profesional se haya trabajado años y años en el sector editorial, todo lo relacionado al mundo digital es nuevo; por tanto, desconocido o casi desconocido. Y, si bien nos vamos informando y aprendiendo de las innovaciones que surgen en el ámbito digital aplicado al sector editorial, es importante aprender, comprender y asumir cabalmente cada uno de los términos, de los productos, los servicios y las funcionalidades de todos ellos.
Con esto quiero decir que un productor de servicios digitales no sólo debe comunicar al potencial cliente de lo que puede ofrecerle, sino también informarle en qué consiste cada producto, cuál de todos ellos es el más adaptado a su catálogo y a sus lectores, cómo se distribuyen estos productos en la Red, cómo funcionan las aplicaciones de los quioscos y las diferentes plataformas, entre otras informaciones. No todas las personas que pertenecen al sector editorial —aunque haga 20 años que publican libros en papel y “toda la vida” han estado vinculados al sector del libro y de la edición— están familiarizadas con los diferentes formatos de libros digitales, con la producción de cada uno de los formatos, con las plataformas de distribución, las mecánicas de las librerías online, etc., etc.
Es fundamental no dar por sentado que quien nos escucha conoce la terminología y sabe qué es un quiosco o una biblioteca de distribución de libros digitales. No dar por sentado que quien está en frente conoce la diferencia entre un reflow o fixed layout o cómo funcionan las licencias de publicación digital, por poner sólo algunos ejemplos.
Quien tenga que explicarle cómo funciona toda la mecánica de producción, distribución y venta de libros digitales al director editorial de una casa editora —porque será el director editorial quién tome la decisión de publicar en digital y destinar presupuesto para ello— debe hacerlo de un modo que comprenda “de qué va este tema” de publicar en digital; con lujos y detalles: desde el término más absurdo y simple hasta la mecánica más compleja e incomprensible.

 

Por ello, estaría muy bien que quienes ofrecen servicios de digitalización de contenidos comiencen a comunicar de forma clara y eficiente sus productos y servicios, informando sobre los mismos. Que no se dé por hecho que porque nos movemos dentro de un mismo sector todos sabemos y conocemos de lo que estamos hablando. Informar, comunicar, y luego vender.
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QUÉ DEBE TENER UNA PÁGINA DE CRÉDITOS O LEGAL DE UN LIBRO

QUÉ DEBE TENER UNA PÁGINA DE CRÉDITOS O LEGAL DE UN LIBRO

Por norma consuetudinaria, cada libro tiene una página de crédito o página legal, y es aquella que solemos encontrar en la página 6 de cualquier libro. Esta página de créditos reúne datos relativos al copyright del autor y de la editorial, como también el ISBN, Depósito legal y la reserva de derechos.

¿Qué es la página de créditos de un libro?

La página de créditos es la página compuesta por informaciones que identifican a quienes han intervenido en la creación, edición, producción y publicación de una obra, sea impresa o digital, como también por datos relativos a la identificación de la obra.
Anteriormente he mencionado que es una norma consuetudinaria y es porque no existe en España una regulación legal específica que obligue a incorporar esta página dentro de un libro. Tampoco hay una pauta estricta de lo que debe contener o no esta página de créditos, aunque las editoriales y los escritores que autopublican suelen utilizar unos estándares que se repiten título a título.
Como rezan los contratos, a modo enunciativo pero no limitativo…

¿Qué información debe contener la página de créditos?

1. Copyright

Es un sistema que regula la propiedad intelectual y el derecho de autor. Empleado en los países anglosajones, para las obras en castellano comenzó a utilizarse a partir de la segunda mitad del siglo pasado. Significa que cualquier persona y/o entidad que se encuentre al lado del símbolo © posee los derechos patrimoniales o económicos exclusivos sobre dicha obra.
Lo más habitual es encontrar dos © en la página de créditos de los libros: el del autor y el de la casa editora, precedido o seguido del año de publicación.
© Juan Pérez Gómez, 2013
© Ediciones CMYK, 2013
En las obras extranjeras que han sido traducidas también podemos encontrar un tercer copyright, que corresponde al traductor. E incluso se puede incorporar © del prólogo, de la presentación, etc. (más habitual en obras de dominio público).
© Paula Nauta Grande, por la traducción
© Gabriel Infante Forte, por el prólogo
© Bibiana Martos Ponce, por las anotaciones
Si es un libro ilustrado también aparecerá el © del ilustrador, el fotógrafo, cartógrafo, etc.; es decir, cualquier otro profesional que han aportado su trabajo en el contenido del libro.
© Tiago González Arteaga, por las ilustraciones
© Estudio Tveo, por las fotografías

2. ISBN

El ISBN (International Standard Book Number) es el código numérico de 13 cifras (antes era de 10 cifras) que se usa con fines estadísticos y comerciales para identificar un libro.
La obtención de un ISBN para un libro no es obligatorio (lo fue hasta 2009 en España, pero ya no) aunque sí es un requisito previo para  realizar el Depósito legal.
Para las publicaciones periódicas se utiliza el ISSN (International Standard Serial Number) y para las publicaciones oficiales del Estado el NIPO (Número de Identificación de Publicaciones Oficiales).(*)

3. Depósito legal

Consiste en la obligación de depositar las obras en una institución de carácter público y se rige por la Ley 23/2011, de 29 de julio, de Depósito legal. No sólo aplica a las obras impresas sino también a las digitales y es obligatorio, a excepción de los libros impresos bajo demanda (hay más excepciones pero me remito a las que nos interesan ahora).
“Están obligadas a llevarlo publicaciones de todo tipo reproducidas en cualquier clase de soporte y destinadas por cualquier procedimiento a su distribución o comunicación pública, sea esta gratuita u onerosa, entre las que se incluyen, entre otros, los libros y folletos, estén o no destinados a la venta, revistas, partituras, cromos, mapas, documentos sonoros y audiovisuales, documentos electrónicos y sitios web”. (1) —¿Alguien hace Depósito legal de una página web y de cada una de sus actualizaciones?—.
Por ley, el Depósito legal debe figurar en la misma página que el ISBN y en el caso de las publicaciones periódicas en la mancheta (donde aparece el staff).

4. Aviso legal o reserva de derechos

Es el párrafo donde se explicita que al reproducir total o parcial la obra esto puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.
Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

5. Pie editorial

Consta de los datos de la casa editorial. En la página de créditos se incluyen el nombre de la editorial, el domicilio social, a veces un teléfono de contacto y en la actualidad también la página web y dirección de correo electrónico.

6. Pie de imprenta

Conformado por los datos de la imprenta, en el caso del libro impreso, indicar dónde se ha realizado la impresión y suele ir en castellano e inglés:
Impreso por Impresiones Gráficas RGB
Calle de las Imágenes, 342 –  08001 Barcelona
info@igrgb.es – www.igrgb.es
Impreso en España – Printed in Spain

7. Título y editor original

En el caso de obras extranjeras traducidas al castellano se incluye el título del libro en su idioma original y a veces también el editor de esta obra.
Las editoriales que publican libros bajo la modalidad de coedición suelen estar obligadas por contrato con el coeditor a incluir esta información en la página de crédito del libro en castellano.
Título original: The Woman Who Found Her Face
© MakeUp Editions, Londres, 2012

8. Ediciones y reimpresiones

Es un dato que puede obviarse sin problemas, pero las editoriales prefieren ponerlo cuando realizan varias ediciones y reimpresiones de un libro porque es muestra de éxito de la obra, de que se ha vendido bien.
1ª edición: abril 2011
1ª reimpresión: enero 2012
2ª reimpresión: agosto 2012
3ª reimpresión: febrero 2013
4ª reimpresión: junio 2013
2ª edición: noviembre 2013
Si hay muchas ediciones, lo más aconsejable es mencionar la fecha de la primera y de la última.
© Ediciones CMYK 2001, 2013

9. Colaboradores

No tienen derecho patrimonial sobre la obra, a excepción del traductor, aunque muchas editoriales también incluyen al diseñador gráfico que realizó la cubierta, a los coordinadores, al maquetador, correctores, etc.
Diseño y composición: Carola Díaz Repetto
Fotografía de cubierta: Ignacio González Garro
Coordinación de la colección: Manuela Sáenz Pernoz
Correcciones: TxT Soluciones Editoriales

10. Staff

Esta parte de la página de créditos es exclusiva de las publicaciones periódicas, donde se indican los cargos y los nombre de las personas que intervienen en su creación, producción y publicación de la revista.
De esta forma, aquí se encuentra de forma detallada los directores, editores, coordinadores, el consejo académico, el comité editorial (ver ejemplo en la imagen del final).

11. Mención a instituciones, entidades y/o empresas

Aquellas que han financiado la publicación mediante subvención, apadrinamiento, patrocinio, cooperación, etc. o aquellas instituciones con las que la publicación tiene algún tipo de relación o pertenece.
Puede ser una línea de texto o una página entera, en el caso de libros producidos mediante crowdfunding e incluir un logotipo de la institución patrocinadora.
En el caso de las publicaciones oficiales las instituciones públicas tienen la obligación de identificarse (Real Decreto 1465/1999).
Esta publicación está cofinanciada por el
Fondo Europeo de Publicaciones Científicas

12. Información gráfica

En algunas publicaciones, mayormente libros ilustrados y relacionados con el diseño, se ha comenzado a incorporar información sobre la tipografía utilizada en el libro.
Tipografías utilizadas: familias Sabon y Syntax

13. Catalogación

Algunos libros también incluyen la catalogación que el sistema bibliotecario hace del libro. Esta información es especialmente relevante en publicaciones científicas, académicas y aquellas que son de consulta permanente, ya que facilitan su ubicación en las bases de datos. Ver ejemplo en la siguiente imagen.

 

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CÓMO DETECTAR UN CONTRATO DE EDICIÓN ABUSIVO

CÓMO DETECTAR UN CONTRATO DE EDICIÓN ABUSIVO

En una entrada anterior escribí en qué consistía consultoría editorial y una de las tareas que realizo es el asesoramiento en cuestiones legales, como la obtención del ISBN y el Depósito legal, las subvenciones, propiedad intelectual y los contratos de edición.
Hace unas semanas, al realizar una asesoría me encuentro con un contrato de edición que una gran editorial le ofrece a un autor para publicar un libro (el segundo). Las cláusulas eran totalmente abusivas, se las mire por donde se las mire, y ello me ha animado a escribir esta entrada. Además de evidenciar que el contrato era un corta-pega de otro (una misma cuestión se repetía en dos cláusulas) o un estándar que utiliza habitualmente la editorial, en el contrato de edición se le pedía al autor que cediera todos y cada uno de los derechos que este puede ceder, en todas y cada una de las modalidades de edición, para todos los idiomas existentes y, por supuesto, para todo el mundo.
Desde mi punto de vista, este contrato de edición es un despropósito porque despoja al autor de todos los derechos patrimoniales. Y también lo es para el asesor jurídico de  la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) Mario Sepúlveda, como puede leerse en los modelos de contratos de edición comentados que están disponibles en la página web de la ACEC.
Si bien no soy abogada —y nada mejor que un abogado para hablar de estos temas(*)— intentaré esbozar las líneas generales para conocer qué es un contrato de edición y cuáles son los puntos fundamentales sobre los que todo autor debe detenerse a analizar y evaluar. Pero antes listo unas consideraciones que, aunque redundantes, no son menos significativas y conforman el contexto en el que se celebra un contrato de edición:
·         Si no se firma el contrato de una hipoteca sin estudiar y avaluar antes las obligaciones y derechos, lo mismo debe hacerse con un contrato de edición: hay que estudiar, evaluar y analizar el contrato de edición, desde la primera letra hasta la última.
·         Preguntar siempre —siempre y a quien se considere oportuno— si no se entiende alguna cláusula o terminología del contrato de edición: no hay tener vergüenza por no comprender en qué consisten algunos de los derechos que se están pidiendo en una cláusula del contrato.
·         Entre las partes que firman un contrato de edición quien tiene mayor poder será quien desee imponer sus condiciones, y normalmente es la editorial, empresa o institución quien lleva las de ganar en esta relación de fuerzas.
·         La editorial intentará que el autor le ceda la mayor cantidad de derechos patrimoniales posibles, mientras que el autor intentará ceder la menor cantidad de derechos.
·         Cada contrato de edición es un mundo en sí mismo, no hay dos iguales, y se deben estudiar, analizar, desentrañar, sopesar, distinguir, comparar y comprender cada una de sus cláusulas o pactos.

¿Qué es un contrato de edición?

Lo que conocemos como “contrato de edición” es un contrato de cesión de derechos de propiedad intelectual, donde el creador de una obra cede determinados derechos de explotación económica a otro. Cuando se habla de “compra y venta de derechos” en realidad se refiere a cesión de derechos ya que estos no se pueden comprar ni vender, sino ceder.
Un contrato de edición está amparado por la Ley de Propiedad Intelectual que en España lo constituye el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril y por otras legislaciones complementarias como la Ley 23/2011, de 29 de julio, del Depósito Legal, la Ley 14/1966, de 18 de marzo, de Prensa e Imprenta y el Real Decreto 2063/2008, de 12 de diciembre, que regula el ISBN y la Agencia Española del ISBN, entre otras normativas.
La propiedad intelectual engloba tanto a derechos morales como a derechos patrimoniales o de explotación. Los derechos morales son inherentes al creador de la obra y tienen carácter irrenunciable e inalienable (solo se transmiten por herencia cuando fallece el creador), mientras que los derechos patrimoniales refieren a la explotación económica de la obra y son estos derechos los que se ceden en un contrato de edición.

Dónde poner especial atención en un contrato de edición

Algunas cuestiones son más cruciales que otras a la hora de firmar un contrato de edición —pero no por ello las demás son menos importantes— y hay que poner especial atención sobre ellas. Cada uno de los puntos que menciono a continuación tienen relación entre sí y permiten diferentes combinaciones.
·         Derechos que se ceden: derecho de reproducción, de distribución, comunicación pública y de transformación de la obra; son derechos independientes entre sí y se pueden otorgar a diferentes personas o empresas en diferentes contratos. Por ejemplo, se puede firmar un contrato por todas las modalidades de explotación en papel con una editorial y con otra para la comercialización de la obra en diferentes versiones en digital. Siempre hay que establecer claramente cada uno de derechos y el autor debe ceder solo aquellos que realmente considere que se van a ejercer y reservarse los demás.
·         Duración del contrato: determina el tiempo de cesión de explotación de los derechos especificados en el contrato. No es lo mismo 10 que 5 años y menos en derechos relativos a la edición digital, especialmente considerando los cambios tecnológicos vertiginosos y el panorama aún difuso de la edición digital. Y excluir siempre la renovación tácita y automática del contrato de edición.
·         Ámbito lingüístico: refiere a los idiomas en que se permite la explotación de la obra. “Todas las lenguas y para todo el mundo” es, además de pretencioso, abusivo, por ello debe especificarse claramente el idioma sobre el que se cede el derecho de explotación. Por ejemplo, “lengua castellana” o “cualquier lengua oficial de España”.
·         Área territorial: significa dónde podrán explotarse los derechos cedidos y está siempre ligada al ámbito lingüístico. Se pueden dar diferentes combinaciones, como ser lengua castellana para todo el mundo, solo para España; lengua castellana para España y América Latina o para España y determinados países de América Latina, etc. En este punto aconsejo al autor que se reserve de ceder ciertos derechos para la explotación comercial de su obra en lengua castellana para Estados Unidos si la editorial con la que firma el contrato no tiene establecido y desarrollado mercado allí, ya que el día de mañana puede firmar otro contrato con otra editorial para que su obra sea explotado en territorio estadounidense (que cada vez es un mercado más atractivo para el castellano) obteniendo mejores ventajas.
·         Modalidades de explotación: refiere a todas y cada una de las formas en que puede explotarse una obra y, como versan siempre los contratos, por si se olvida mencionar alguna, “la presente enumeración reviste carácter meramente enunciativo y en ningún caso limitativo”: tapa dura o cartoné, rústica, ediciones económicas y/o de bolsillo, audiolibro, ediciones de lujo, ediciones de bibliófilo, ediciones ilustradas, ediciones especiales para empresas u otras editoriales, fascículos, ediciones para escuelas, ediciones resumidas o compendiadas, ediciones en soportes magnéticos o informáticos (así como la inclusión total o parcial en bases de datos), edición electrónica, digital y ebook, productos multimedia como enhanced ebooks, publicaciones parciales en diarios y revistas (pre y post publicación), soportes sonoros, serialización radiofónica, radiodifusión… ¿Realmente un creador quiere ceder, en un solo contrato de edición, todos estos derechos a una sola empresa?
·         Carácter de la cesión de derechos: no todas las cesiones tienen que ser en exclusiva, se puede supeditar el ejercicio de determinados derechos a la conformidad del autor u a otra cuestión, por ello es importante desglosar los derechos y no meterlos todos juntos en un mismo paquete, en especial en lo referente a la cesión de derechos de reproducción digital.
·         Remuneración por los derechos cedidos: hace referencia a lo que cobrará el autor por la explotación de su obra (royalties), incluido el anticipo. Por ejemplo, un 10% del PVP de la obra en modalidad libro impreso trade u 8% para bolsillo. Aquí también es importante delimitar para cada uno de los derechos la remuneración correspondiente; “25% de los ingresos netos del editor por cualquier modalidad de edición digital” puede resultar una frase un tanto ambigua y generalista, ya que no representa lo mismo la venta de un libro electrónico que el alquiler de este en una plataforma de lectura. Este es un punto en que autor y editorial tienen que negociar y encontrar un equilibrio lo más justo posible para ambas partes.
·         Representación y agencia: es una cláusula del contrato de edición por la cual el autor otorga a la editorial el poder de ser su representante y agente literario frente a otras editoriales u empresas, nacionales o extranjeras. Algunos autores no ponen suficiente reparo en ello y es una cuestión muy importante que además se relaciona con la remuneración, por lo que hay que estipular de forma clara también en el contrato de edición qué porcentajes corresponde a cada una de las partes.
Estas y otras cuestiones pueden parecer menores, pero en un contrato de edición jamás lo son. Más cláusulas y puntos contractuales están desglosados en en ebook Cómo detectar un contrato de edición abusivo. Los ítems mencionados aquí conforman lo que podríamos llamar el core de la cesión de los derechos de autor mediante un contrato de edición. Sin embargo, nunca se debe olvidar que un contrato está conformado por todas las cláusulas que contiene y deben analizarse unas en relación a las demás.
El autor es el creador de la obra y por tanto es quien decide qué, cómo, por cuánto tiempo, para qué modalidad de edición, etc. y por qué cede determinados derechos a una editorial (digo editorial porque es la situación más habitual, pero también puede ser cualquier otro tipo de empresa).
Si una editorial tiene interés en publicar a un autor también tiene interés en cuidar de él como creador de contenidos y en cuidar de su obra, por ello pedir “a saco” la cesión de todos los derechos resulta abusivo y a ojos de un autor se percibe como un despojo total de sus derechos. Nada mejor que establecer una relación de buena fe entre creador y empresa para llevar adelante un proyecto de forma exitosa.
Si quieres descargar todos los modelos de contratos de edición, en Word y en PDF, y también los contratos comentados puedes hacerlo desde este enlace.

(*) Mis principales referentes son 
Marià CapellàPascual Barberán MolinaAna María Cabanellas y los agentes literarios; por supuesto hay muchos más abogados especializados en propiedad intelectual.

 

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¿QUÉ APORTAN LAS EDITORIALES?

¿QUÉ APORTAN LAS EDITORIALES?

Muchos dirán que con el surgimiento de Internet la labor de las editoriales ya no es necesaria, porque un autor puede autopublicarse. Es una opción y, quien lo desee y tenga tiempo para hacerlo, me parece una idea fantástica y una aventura que, seguramente, vale la pena intentar.

Cabe aclarar que sí hablaré de autoedición en contraposición a la labor de las editoriales no es porque esté en contra de la primera, sino porque me resulta más fácil hacer el análisis si contrapongo dos o más factores y, en este caso, la autopublicación es el proceso que estaría del otro lado de la acera de las editoriales.

Entonces, ¿por qué los autores quieren publicar con las editoriales? Por el valor que éstas aportan. Y aunque es frase hecha, es así. Y este valor está dado por:

  • La producción: producir un libro significa: corregir el estilo y la ortografía del manuscrito; seleccionar el formato del libro y los materiales con los que se hará; (los formatos, en el caso de los ebooks); diseñar los elementos exteriores del libro (en el libro impreso corresponde a la portada, la contraportada, el lomo y las solapas y la faja si también se quiere incorporar; en el libro digital sería solamente la portada); diseñar el interior del libro y maquetarlo; preparar los archivos para enviar a imprenta o prepararlo para comercializarlo digitalmente; elaborar la estrategia difusión de la obra y establecer las acciones de marketing online y offline a desarrollar, considerando también si es necesario producir material extra para la promoción (puntos de libro, Book trailes, portadas animadas, etc.). Todas estas tareas constituyen un gran valor añadido en la edición de contenidos que difícilmente lo pueda realizar una sola persona, incluso quien se autopublica puede realizar algunas de las tareas, pero tendrá que echar mano de otras personas si quiere lograr un producto digno.
  • El canal: las editoriales poseen un canal de distribución al cual un autor no podrá acceder por sí mismo. Cuando se habla de “canal de distribución” del sector editorial se hace referencia a las distribuidoras de libros al por mayor, es decir, a las empresas que venden los libros a las librerías nacionales e internacionales (no lo hacen las editoriales). Acceder a estas empresas como particular y para que distribuyan una sola obra – o muy pocas – es imposible. Por tanto, las editoriales aportan un canal de comercialización nacional e internacional, que un particular no puede abarcar. Situación similar sucede en el entorno digital: la fuerza de una distribuidora digital frente a las librerías online es mucho más potente que la injerencia de un particular.
  • El punto de venta: sucede que con el canal. Las librerías compran a las distribuidoras de libros, por tanto si se desea que un libro esté disponible en las librerías u otros puntos de venta, como grandes superficies o supermercados, sólo es posible llegar a ellas a través de la publicación en una editorial que comercializa sus libros a través de una distribuidora. En este sentido, las editoriales aportan garantía de visibilidad de la obra en los puntos de venta y fortaleza comercial. Es cierto que cada vez es más difícil lograr que un libro esté a la vista por un tiempo considerable en las librerías, pero esto no se debe porque la editorial no tenga acceso al punto de venta, sino a la desorbitada cantidad de novedades y títulos que se publican. En el caso de las librerías online sucede lo mismo: se accede a sus escaparates virtuales a través de las plataformas de distribución digital.
  • Marketing: las editoriales tienen fortaleza extra para elaborar una estrategia de difusión y promoción, y establecer las acciones para dar a conocer un libro, porque poseen más recursos materiales y humanos para llevar a cabo estas tareas. Son empresas conocidas por otros libros que han publicado antes y ya constituyen una referencia para el lector, y también porque saben por experiencia previa qué acciones de marketing funcionan mejor para determinado tipo de libro. Las acciones de comunicación se amplían y multiplican si las realiza una editorial. Además, cuentan con una base de datos de lectores y persones interesadas en sus libros a los que saben cómo transmitirle información sobre un libro y contactos “importantes”, que siempre vienen bien.
Para resumir, las editoriales poseen un saber hacer que aporta un valor añadido al contenido, sea éste plasmado de forma impresa o digital. No importa si es una gran casa editora o una mediana o pequeña editorial, en cualquier caso todas contribuyen a sumar valor al libro, de una u otra forma.

 

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LOS AGENTES LITERARIOS

LOS AGENTES LITERARIOS

Las transformaciones que el sector editorial ha experimentado en la última década han sido varias y a raíz de muchos factores, entre los que se encuentran la popularización de Internet, el surgimiento de plataformas de autopublicación, la desmaterialización del libro y la eclosión de la versión digital del mismo, la irrupción de empresas tecnológicas que ganan terreno en lo editorial y muchos otros factores que cuestionan la cadena de valor de la producción del libro.

Entre estas circunstancias, una es la necesidad de reconversión de los actores de la cadena de valor del libro y de las tareas que realizan. De esta forma, los editores han tenido que adquirir nuevas competencias – en especial las relacionadas con el mundo digital -, los autores aprender a manejar herramientas de marketing online, y los agentes literarios no han escapado de esta realidad.

Manuel Gil y Joaquín Rodríguez en El paradigma digital y sostenible del libro explican muy bien esta transformación, y de qué manera se recompondrá la cadena de valor y los papeles que cada uno de los agentes asuma, de qué forma se alterarán las competencias que se daban por consabidas y que ahora habrá que desaprender.

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Ser agente literario ya no es lo que era y esta profesión ha tenido que reinventarse,
como todas las demás dentro del sector editorial. Es más, los agentes han tenido que asumir como propias algunas tareas que antes estaban en manos de las editoriales, como la recepción de manuscritos o la publicación de títulos, o labores tradicionales del librero, como el contacto con los lectores.

Muchas editoriales no aceptan la recepción de manuscritos y sólo llegan a ver aquellos originales que solicitan expresamente, los que reciben a través de un agente o los sugeridos por algún autor que ya publican. De esta forma, se ha producido una traslación de tareas entre los actores de la cadena y, en el caso de los agentes literarios ahora son quienes reciben y evalúan la calidad de un manuscrito, las correcciones que hay que efectuar, la edición que necesita, la unificación de criterios, etc.; es decir, realizan una actividad que hasta no hace mucho tiempo era exclusiva del editor.

Otro ejemplo de esta transformación se evidencia en el surgimiento de libros electrónicos impulsados directamente por agencias literarias. La pionera fue Carmen Balcells que, en 2009, presentó la colección Palabras Mayores, conjuntamente con Leer-e, una plataforma que comercializa libros y lectores electrónicos. A nivel internacional, en 2010, hizo lo propio Andrew Wylie con el lanzamiento de Odissey Editions y con comercialización exclusiva a través de Amazon.

Hace años nació la colección de libros electrónicos ibuku, también dentro de la plataforma Leer-e, dirigidas por varias agencias literarias y que, como ellas expresan en su página de Facebook, es una colección “en la que se encuentran libros que no tienen sitio en el mercado actual editorial, es decir descatalogados e inéditos que no encajen dentro de las líneas editoriales pero que vale la pena que se publiquen.” Esta colección ha sido impulsada por las agencias literarias Bookbank, CBQ, Ilustrata, imc, International Editors’ Co. y Susanne Theyne & Asociados y los ebooks tienen precios muy accesibles.

Lo mismo ocurre con AK Digital, que distribuye a través de diferentes plataformas online. Es un proyecto de la agencia Antonia Kerrigan que tiene como fin ayudar a los autores que representan en la publicación digital de libros editados en el pasado y que estén libres de derechos, y aquellos títulos inéditos que no han podido encontrar un lugar en la publicación a través de una editorial.

Otro ejemplo que va en la misma dirección es SBebooks de la agencia Sandra Bruna, “un servicio literaria de obras en las plataformas elegidas por su autor.”

Se han multiplicado los productos y los soportes donde la obra de un autor puede encontrar un lugar. Las obras de los autores representados por los agentes literarios pueden ser el contenido no ya sólo de un libro – y, en el mejor de los casos, también de una película – sino que ahora este contenido puede ser el corazón de una aplicación para móvil o transformarse en otro producto multimedia que hasta unos años no estaba dentro del panorama de la edición. Tal es el caso de El Laberinto de la Felicidad, de Alex Rovira y Francesc Miralles, que se publicó en Aguilar por primera vez en papel en 2007 y seis años después, en 2013, Enhancingebooks lanza una app para iPad. Si hablamos de contenido para el entorno digital, los formatos que puede adoptar un contenido se multiplican y escapan al libro tradicional.

Además, las agencias se han abierto al gran público, a los lectores. Hasta hace poco tiempo no se sabía demasiado de las agencias porque se movían entre los autores y las editoriales. Eso ha cambiado, se han hecho visibles, y su presencia es mucho más activa en las redes sociales, donde se encuentran los lectores y prescriptores de libros. Así, encontramos páginas de Facebook de agencias literarias que tienen más seguidores que varias editoriales, y lo mismo sucede si se indaga en los perfiles de Twitter de estas agencias.

Por otro lado, con el surgimiento de nuevas licencias relacionadas a la propiedad intelectual el abanico de posibilidades se amplía. Así, encontramos con ejemplos como Todo va a cambiar, de Enrique Dans, que está publicado en versión impresa y en digital por el sello Deusto y también gratuitamente en una página web, enriquecido, con licencia copylefty en una versión que han denominado edición social.

En resumen, aunque el trabajo principal del agente es ser el representante del autor – con todo lo que ello implica y que no es poco – ha tenido que saber adaptarse al nuevo entorno de la edición. Estos ejemplos evidencian que los agentes no tienen ya como cliente único a las editoriales interesadas en los contenidos de sus escritores; que se enfrentan a nuevos modos de explotación de los derechos de sus representados y que por las circunstancias actuales de la edición han tenido que acercarse más al lector. Y lo mismo pasa con otras profesiones que intervienen en la industria editorial: lectores profesionales, editores, maquetadores, correctores, profesionales del marketing, libreros, bibliotecarios, etc.

“Te reinventas o te quedas fuera” es una de las máximas de la edición actual. Y aquí estamos, reinventándonos también.

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