CÓMO DETECTAR UN CONTRATO DE EDICIÓN ABUSIVO

CÓMO DETECTAR UN CONTRATO DE EDICIÓN ABUSIVO

En una entrada anterior escribí en qué consistía consultoría editorial y una de las tareas que realizo es el asesoramiento en cuestiones legales, como la obtención del ISBN y el Depósito legal, las subvenciones, propiedad intelectual y los contratos de edición.
Hace unas semanas, al realizar una asesoría me encuentro con un contrato de edición que una gran editorial le ofrece a un autor para publicar un libro (el segundo). Las cláusulas eran totalmente abusivas, se las mire por donde se las mire, y ello me ha animado a escribir esta entrada. Además de evidenciar que el contrato era un corta-pega de otro (una misma cuestión se repetía en dos cláusulas) o un estándar que utiliza habitualmente la editorial, en el contrato de edición se le pedía al autor que cediera todos y cada uno de los derechos que este puede ceder, en todas y cada una de las modalidades de edición, para todos los idiomas existentes y, por supuesto, para todo el mundo.
Desde mi punto de vista, este contrato de edición es un despropósito porque despoja al autor de todos los derechos patrimoniales. Y también lo es para el asesor jurídico de  la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) Mario Sepúlveda, como puede leerse en los modelos de contratos de edición comentados que están disponibles en la página web de la ACEC.
Si bien no soy abogada —y nada mejor que un abogado para hablar de estos temas(*)— intentaré esbozar las líneas generales para conocer qué es un contrato de edición y cuáles son los puntos fundamentales sobre los que todo autor debe detenerse a analizar y evaluar. Pero antes listo unas consideraciones que, aunque redundantes, no son menos significativas y conforman el contexto en el que se celebra un contrato de edición:
·         Si no se firma el contrato de una hipoteca sin estudiar y avaluar antes las obligaciones y derechos, lo mismo debe hacerse con un contrato de edición: hay que estudiar, evaluar y analizar el contrato de edición, desde la primera letra hasta la última.
·         Preguntar siempre —siempre y a quien se considere oportuno— si no se entiende alguna cláusula o terminología del contrato de edición: no hay tener vergüenza por no comprender en qué consisten algunos de los derechos que se están pidiendo en una cláusula del contrato.
·         Entre las partes que firman un contrato de edición quien tiene mayor poder será quien desee imponer sus condiciones, y normalmente es la editorial, empresa o institución quien lleva las de ganar en esta relación de fuerzas.
·         La editorial intentará que el autor le ceda la mayor cantidad de derechos patrimoniales posibles, mientras que el autor intentará ceder la menor cantidad de derechos.
·         Cada contrato de edición es un mundo en sí mismo, no hay dos iguales, y se deben estudiar, analizar, desentrañar, sopesar, distinguir, comparar y comprender cada una de sus cláusulas o pactos.

¿Qué es un contrato de edición?

Lo que conocemos como “contrato de edición” es un contrato de cesión de derechos de propiedad intelectual, donde el creador de una obra cede determinados derechos de explotación económica a otro. Cuando se habla de “compra y venta de derechos” en realidad se refiere a cesión de derechos ya que estos no se pueden comprar ni vender, sino ceder.
Un contrato de edición está amparado por la Ley de Propiedad Intelectual que en España lo constituye el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril y por otras legislaciones complementarias como la Ley 23/2011, de 29 de julio, del Depósito Legal, la Ley 14/1966, de 18 de marzo, de Prensa e Imprenta y el Real Decreto 2063/2008, de 12 de diciembre, que regula el ISBN y la Agencia Española del ISBN, entre otras normativas.
La propiedad intelectual engloba tanto a derechos morales como a derechos patrimoniales o de explotación. Los derechos morales son inherentes al creador de la obra y tienen carácter irrenunciable e inalienable (solo se transmiten por herencia cuando fallece el creador), mientras que los derechos patrimoniales refieren a la explotación económica de la obra y son estos derechos los que se ceden en un contrato de edición.

Dónde poner especial atención en un contrato de edición

Algunas cuestiones son más cruciales que otras a la hora de firmar un contrato de edición —pero no por ello las demás son menos importantes— y hay que poner especial atención sobre ellas. Cada uno de los puntos que menciono a continuación tienen relación entre sí y permiten diferentes combinaciones.
·         Derechos que se ceden: derecho de reproducción, de distribución, comunicación pública y de transformación de la obra; son derechos independientes entre sí y se pueden otorgar a diferentes personas o empresas en diferentes contratos. Por ejemplo, se puede firmar un contrato por todas las modalidades de explotación en papel con una editorial y con otra para la comercialización de la obra en diferentes versiones en digital. Siempre hay que establecer claramente cada uno de derechos y el autor debe ceder solo aquellos que realmente considere que se van a ejercer y reservarse los demás.
·         Duración del contrato: determina el tiempo de cesión de explotación de los derechos especificados en el contrato. No es lo mismo 10 que 5 años y menos en derechos relativos a la edición digital, especialmente considerando los cambios tecnológicos vertiginosos y el panorama aún difuso de la edición digital. Y excluir siempre la renovación tácita y automática del contrato de edición.
·         Ámbito lingüístico: refiere a los idiomas en que se permite la explotación de la obra. “Todas las lenguas y para todo el mundo” es, además de pretencioso, abusivo, por ello debe especificarse claramente el idioma sobre el que se cede el derecho de explotación. Por ejemplo, “lengua castellana” o “cualquier lengua oficial de España”.
·         Área territorial: significa dónde podrán explotarse los derechos cedidos y está siempre ligada al ámbito lingüístico. Se pueden dar diferentes combinaciones, como ser lengua castellana para todo el mundo, solo para España; lengua castellana para España y América Latina o para España y determinados países de América Latina, etc. En este punto aconsejo al autor que se reserve de ceder ciertos derechos para la explotación comercial de su obra en lengua castellana para Estados Unidos si la editorial con la que firma el contrato no tiene establecido y desarrollado mercado allí, ya que el día de mañana puede firmar otro contrato con otra editorial para que su obra sea explotado en territorio estadounidense (que cada vez es un mercado más atractivo para el castellano) obteniendo mejores ventajas.
·         Modalidades de explotación: refiere a todas y cada una de las formas en que puede explotarse una obra y, como versan siempre los contratos, por si se olvida mencionar alguna, “la presente enumeración reviste carácter meramente enunciativo y en ningún caso limitativo”: tapa dura o cartoné, rústica, ediciones económicas y/o de bolsillo, audiolibro, ediciones de lujo, ediciones de bibliófilo, ediciones ilustradas, ediciones especiales para empresas u otras editoriales, fascículos, ediciones para escuelas, ediciones resumidas o compendiadas, ediciones en soportes magnéticos o informáticos (así como la inclusión total o parcial en bases de datos), edición electrónica, digital y ebook, productos multimedia como enhanced ebooks, publicaciones parciales en diarios y revistas (pre y post publicación), soportes sonoros, serialización radiofónica, radiodifusión… ¿Realmente un creador quiere ceder, en un solo contrato de edición, todos estos derechos a una sola empresa?
·         Carácter de la cesión de derechos: no todas las cesiones tienen que ser en exclusiva, se puede supeditar el ejercicio de determinados derechos a la conformidad del autor u a otra cuestión, por ello es importante desglosar los derechos y no meterlos todos juntos en un mismo paquete, en especial en lo referente a la cesión de derechos de reproducción digital.
·         Remuneración por los derechos cedidos: hace referencia a lo que cobrará el autor por la explotación de su obra (royalties), incluido el anticipo. Por ejemplo, un 10% del PVP de la obra en modalidad libro impreso trade u 8% para bolsillo. Aquí también es importante delimitar para cada uno de los derechos la remuneración correspondiente; “25% de los ingresos netos del editor por cualquier modalidad de edición digital” puede resultar una frase un tanto ambigua y generalista, ya que no representa lo mismo la venta de un libro electrónico que el alquiler de este en una plataforma de lectura. Este es un punto en que autor y editorial tienen que negociar y encontrar un equilibrio lo más justo posible para ambas partes.
·         Representación y agencia: es una cláusula del contrato de edición por la cual el autor otorga a la editorial el poder de ser su representante y agente literario frente a otras editoriales u empresas, nacionales o extranjeras. Algunos autores no ponen suficiente reparo en ello y es una cuestión muy importante que además se relaciona con la remuneración, por lo que hay que estipular de forma clara también en el contrato de edición qué porcentajes corresponde a cada una de las partes.
Estas y otras cuestiones pueden parecer menores, pero en un contrato de edición jamás lo son. Más cláusulas y puntos contractuales están desglosados en en ebook Cómo detectar un contrato de edición abusivo. Los ítems mencionados aquí conforman lo que podríamos llamar el core de la cesión de los derechos de autor mediante un contrato de edición. Sin embargo, nunca se debe olvidar que un contrato está conformado por todas las cláusulas que contiene y deben analizarse unas en relación a las demás.
El autor es el creador de la obra y por tanto es quien decide qué, cómo, por cuánto tiempo, para qué modalidad de edición, etc. y por qué cede determinados derechos a una editorial (digo editorial porque es la situación más habitual, pero también puede ser cualquier otro tipo de empresa).
Si una editorial tiene interés en publicar a un autor también tiene interés en cuidar de él como creador de contenidos y en cuidar de su obra, por ello pedir “a saco” la cesión de todos los derechos resulta abusivo y a ojos de un autor se percibe como un despojo total de sus derechos. Nada mejor que establecer una relación de buena fe entre creador y empresa para llevar adelante un proyecto de forma exitosa.
Si quieres descargar todos los modelos de contratos de edición, en Word y en PDF, y también los contratos comentados puedes hacerlo desde este enlace.

(*) Mis principales referentes son 
Marià CapellàPascual Barberán MolinaAna María Cabanellas y los agentes literarios; por supuesto hay muchos más abogados especializados en propiedad intelectual.

 

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¿QUÉ APORTAN LAS EDITORIALES?

¿QUÉ APORTAN LAS EDITORIALES?

Muchos dirán que con el surgimiento de Internet la labor de las editoriales ya no es necesaria, porque un autor puede autopublicarse. Es una opción y, quien lo desee y tenga tiempo para hacerlo, me parece una idea fantástica y una aventura que, seguramente, vale la pena intentar.

Cabe aclarar que sí hablaré de autoedición en contraposición a la labor de las editoriales no es porque esté en contra de la primera, sino porque me resulta más fácil hacer el análisis si contrapongo dos o más factores y, en este caso, la autopublicación es el proceso que estaría del otro lado de la acera de las editoriales.

Entonces, ¿por qué los autores quieren publicar con las editoriales? Por el valor que éstas aportan. Y aunque es frase hecha, es así. Y este valor está dado por:

  • La producción: producir un libro significa: corregir el estilo y la ortografía del manuscrito; seleccionar el formato del libro y los materiales con los que se hará; (los formatos, en el caso de los ebooks); diseñar los elementos exteriores del libro (en el libro impreso corresponde a la portada, la contraportada, el lomo y las solapas y la faja si también se quiere incorporar; en el libro digital sería solamente la portada); diseñar el interior del libro y maquetarlo; preparar los archivos para enviar a imprenta o prepararlo para comercializarlo digitalmente; elaborar la estrategia difusión de la obra y establecer las acciones de marketing online y offline a desarrollar, considerando también si es necesario producir material extra para la promoción (puntos de libro, Book trailes, portadas animadas, etc.). Todas estas tareas constituyen un gran valor añadido en la edición de contenidos que difícilmente lo pueda realizar una sola persona, incluso quien se autopublica puede realizar algunas de las tareas, pero tendrá que echar mano de otras personas si quiere lograr un producto digno.
  • El canal: las editoriales poseen un canal de distribución al cual un autor no podrá acceder por sí mismo. Cuando se habla de “canal de distribución” del sector editorial se hace referencia a las distribuidoras de libros al por mayor, es decir, a las empresas que venden los libros a las librerías nacionales e internacionales (no lo hacen las editoriales). Acceder a estas empresas como particular y para que distribuyan una sola obra – o muy pocas – es imposible. Por tanto, las editoriales aportan un canal de comercialización nacional e internacional, que un particular no puede abarcar. Situación similar sucede en el entorno digital: la fuerza de una distribuidora digital frente a las librerías online es mucho más potente que la injerencia de un particular.
  • El punto de venta: sucede que con el canal. Las librerías compran a las distribuidoras de libros, por tanto si se desea que un libro esté disponible en las librerías u otros puntos de venta, como grandes superficies o supermercados, sólo es posible llegar a ellas a través de la publicación en una editorial que comercializa sus libros a través de una distribuidora. En este sentido, las editoriales aportan garantía de visibilidad de la obra en los puntos de venta y fortaleza comercial. Es cierto que cada vez es más difícil lograr que un libro esté a la vista por un tiempo considerable en las librerías, pero esto no se debe porque la editorial no tenga acceso al punto de venta, sino a la desorbitada cantidad de novedades y títulos que se publican. En el caso de las librerías online sucede lo mismo: se accede a sus escaparates virtuales a través de las plataformas de distribución digital.
  • Marketing: las editoriales tienen fortaleza extra para elaborar una estrategia de difusión y promoción, y establecer las acciones para dar a conocer un libro, porque poseen más recursos materiales y humanos para llevar a cabo estas tareas. Son empresas conocidas por otros libros que han publicado antes y ya constituyen una referencia para el lector, y también porque saben por experiencia previa qué acciones de marketing funcionan mejor para determinado tipo de libro. Las acciones de comunicación se amplían y multiplican si las realiza una editorial. Además, cuentan con una base de datos de lectores y persones interesadas en sus libros a los que saben cómo transmitirle información sobre un libro y contactos “importantes”, que siempre vienen bien.
Para resumir, las editoriales poseen un saber hacer que aporta un valor añadido al contenido, sea éste plasmado de forma impresa o digital. No importa si es una gran casa editora o una mediana o pequeña editorial, en cualquier caso todas contribuyen a sumar valor al libro, de una u otra forma.

 

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LOS AGENTES LITERARIOS

LOS AGENTES LITERARIOS

Las transformaciones que el sector editorial ha experimentado en la última década han sido varias y a raíz de muchos factores, entre los que se encuentran la popularización de Internet, el surgimiento de plataformas de autopublicación, la desmaterialización del libro y la eclosión de la versión digital del mismo, la irrupción de empresas tecnológicas que ganan terreno en lo editorial y muchos otros factores que cuestionan la cadena de valor de la producción del libro.

Entre estas circunstancias, una es la necesidad de reconversión de los actores de la cadena de valor del libro y de las tareas que realizan. De esta forma, los editores han tenido que adquirir nuevas competencias – en especial las relacionadas con el mundo digital -, los autores aprender a manejar herramientas de marketing online, y los agentes literarios no han escapado de esta realidad.

Manuel Gil y Joaquín Rodríguez en El paradigma digital y sostenible del libro explican muy bien esta transformación, y de qué manera se recompondrá la cadena de valor y los papeles que cada uno de los agentes asuma, de qué forma se alterarán las competencias que se daban por consabidas y que ahora habrá que desaprender.

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Ser agente literario ya no es lo que era y esta profesión ha tenido que reinventarse,
como todas las demás dentro del sector editorial. Es más, los agentes han tenido que asumir como propias algunas tareas que antes estaban en manos de las editoriales, como la recepción de manuscritos o la publicación de títulos, o labores tradicionales del librero, como el contacto con los lectores.

Muchas editoriales no aceptan la recepción de manuscritos y sólo llegan a ver aquellos originales que solicitan expresamente, los que reciben a través de un agente o los sugeridos por algún autor que ya publican. De esta forma, se ha producido una traslación de tareas entre los actores de la cadena y, en el caso de los agentes literarios ahora son quienes reciben y evalúan la calidad de un manuscrito, las correcciones que hay que efectuar, la edición que necesita, la unificación de criterios, etc.; es decir, realizan una actividad que hasta no hace mucho tiempo era exclusiva del editor.

Otro ejemplo de esta transformación se evidencia en el surgimiento de libros electrónicos impulsados directamente por agencias literarias. La pionera fue Carmen Balcells que, en 2009, presentó la colección Palabras Mayores, conjuntamente con Leer-e, una plataforma que comercializa libros y lectores electrónicos. A nivel internacional, en 2010, hizo lo propio Andrew Wylie con el lanzamiento de Odissey Editions y con comercialización exclusiva a través de Amazon.

Hace años nació la colección de libros electrónicos ibuku, también dentro de la plataforma Leer-e, dirigidas por varias agencias literarias y que, como ellas expresan en su página de Facebook, es una colección “en la que se encuentran libros que no tienen sitio en el mercado actual editorial, es decir descatalogados e inéditos que no encajen dentro de las líneas editoriales pero que vale la pena que se publiquen.” Esta colección ha sido impulsada por las agencias literarias Bookbank, CBQ, Ilustrata, imc, International Editors’ Co. y Susanne Theyne & Asociados y los ebooks tienen precios muy accesibles.

Lo mismo ocurre con AK Digital, que distribuye a través de diferentes plataformas online. Es un proyecto de la agencia Antonia Kerrigan que tiene como fin ayudar a los autores que representan en la publicación digital de libros editados en el pasado y que estén libres de derechos, y aquellos títulos inéditos que no han podido encontrar un lugar en la publicación a través de una editorial.

Otro ejemplo que va en la misma dirección es SBebooks de la agencia Sandra Bruna, “un servicio literaria de obras en las plataformas elegidas por su autor.”

Se han multiplicado los productos y los soportes donde la obra de un autor puede encontrar un lugar. Las obras de los autores representados por los agentes literarios pueden ser el contenido no ya sólo de un libro – y, en el mejor de los casos, también de una película – sino que ahora este contenido puede ser el corazón de una aplicación para móvil o transformarse en otro producto multimedia que hasta unos años no estaba dentro del panorama de la edición. Tal es el caso de El Laberinto de la Felicidad, de Alex Rovira y Francesc Miralles, que se publicó en Aguilar por primera vez en papel en 2007 y seis años después, en 2013, Enhancingebooks lanza una app para iPad. Si hablamos de contenido para el entorno digital, los formatos que puede adoptar un contenido se multiplican y escapan al libro tradicional.

Además, las agencias se han abierto al gran público, a los lectores. Hasta hace poco tiempo no se sabía demasiado de las agencias porque se movían entre los autores y las editoriales. Eso ha cambiado, se han hecho visibles, y su presencia es mucho más activa en las redes sociales, donde se encuentran los lectores y prescriptores de libros. Así, encontramos páginas de Facebook de agencias literarias que tienen más seguidores que varias editoriales, y lo mismo sucede si se indaga en los perfiles de Twitter de estas agencias.

Por otro lado, con el surgimiento de nuevas licencias relacionadas a la propiedad intelectual el abanico de posibilidades se amplía. Así, encontramos con ejemplos como Todo va a cambiar, de Enrique Dans, que está publicado en versión impresa y en digital por el sello Deusto y también gratuitamente en una página web, enriquecido, con licencia copylefty en una versión que han denominado edición social.

En resumen, aunque el trabajo principal del agente es ser el representante del autor – con todo lo que ello implica y que no es poco – ha tenido que saber adaptarse al nuevo entorno de la edición. Estos ejemplos evidencian que los agentes no tienen ya como cliente único a las editoriales interesadas en los contenidos de sus escritores; que se enfrentan a nuevos modos de explotación de los derechos de sus representados y que por las circunstancias actuales de la edición han tenido que acercarse más al lector. Y lo mismo pasa con otras profesiones que intervienen en la industria editorial: lectores profesionales, editores, maquetadores, correctores, profesionales del marketing, libreros, bibliotecarios, etc.

“Te reinventas o te quedas fuera” es una de las máximas de la edición actual. Y aquí estamos, reinventándonos también.

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CONTRATOS DE EDICIÓN

CONTRATOS DE EDICIÓN

La semana pasada un escritor, que está comenzando su andadura como tal, me preguntaba sobre los contratos que se firman entre autor y editor para la publicación de una obra. Estaba interesado en qué debía contener dicho contrato, cómo se estipulaban los porcentajes, a qué tiene derecho el autor y a qué no, etc.

Es decir, hablábamos sobre las particularidades de los contratos de edición y, especialmente, de por qué las condiciones son las que son y no otras.

Aunque no existe un contrato por excelencia que sea indiscutible y no modificable, si existen contratos estándares que han surgido como parte de un acuerdo entre asociaciones y que son los que se toman como referencia a la hora de firmar este tipo de acuerdos.

A estos contratos estándares el editor y el autor – y el agente literario, si el escritor cuenta con uno – pueden modificarlo y adaptarlo a sus necesidades. Que la otra parte acepte las condiciones es otro cantar. Y la parte más fuerte – el más poderoso – será quien establezca las condiciones contractuales y quien presente el borrador sobre el cual se avanzará.

Para aquellos a quienes les interese adentrarse en los contratos de edición de publicaciones,
en la página web de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) pueden encontrar los modelos de contratos de edición comentados, donde se detallan cada uno de los pactos de estos acuerdos que ayudan a clarificar la naturaleza de los mismos y comprender el porqué de las cláusulas. Los comentarios y recomendaciones han sido elaborados por el asesor jurídico de ACEC Mario Sepúlveda y, como se explica en la página web de la ACEC, “el esquema de los comentarios (…) comprende tres aspectos fundamentales:

  • La referencia legal sobre cada cláusula para conocer la manera en que la vigente Ley de Propiedad Intelectual delimita ese supuesto concreto.
  • Un comentario explicativo o aclaratorio respecto de cada pacto del contrato tipo.
  • Y, si cabe, una sugerencia o recomendación atinente a la cláusula concreta que se comenta.”

Estos contratos surgen como estándares del acuerdo entre la Associació d’Escriptor en Llengua Catalana (AELC), la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) y el Gremi d’Editors de Catalunya. El acuerdo se firmó a mediados del año 2009 y en septiembre de 2011 se agregó el modelo de contrato de edición digital. Lamentablemente, no se encuentra comentado este acuerdo, que considero sería, en estos momentos, el más provechoso para desentrañar y debatir.

Los modelos de contratos que están disponibles para descargar gratuitamente desde la página web de la ACEC son:

 

  • Contrato de edición.
  • Contrato de edición por encargo de obra
  • Contrato de traducción
  • Contrato de traducción a tanto alzado
  • Contrato de cesión de derechos por obra colectiva
  • Contrato de edición digital
  • No hay modelos de contratos de ilustración.
Vale aclarar que cada entidad, sea una universidad, una organización con o sin fines de lucro, una casa editora, un editor particular o una fundación, suelen poseer sus propios modelos de contratos de edición donde se establecen los derechos y las obligaciones de cada una de las partes. Por tanto, lo importante y primordial es centrarse en las cláusulas del contrato que se va a afirmar in situ, analizar y contrastar, preguntar ante la menor duda y asesorarse con un profesional en la materia. Todos los contratos pueden parecerse, pero todos poseen diferencias y repercuten de diferente modo a lo largo la vida de la obra, y del autor (ya sea en el aspecto legal, comercial, jurídico, de promoción, etc.) Si quieres descargar todos los modelos de contratos de edición en Word y en PDF y los contratos comentados en Word sólo tienes que hacer clic en el enlace anterior.

 

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¿HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A LA TIPOGRAFÍA EN LA EDICIÓN DIGITAL?

¿HAY QUE PRESTAR ATENCIÓN A LA TIPOGRAFÍA EN LA EDICIÓN DIGITAL?

La pregunta del título de esta entrada me la formuló un lector acostumbrado a leer en digital. Su pregunta fue: “¿para qué pierden tiempo seleccionando una fuente para un libro electrónico si para leerlos puedes seleccionar la que más te gusta?”

Esta fue la pregunta inicial que disparó el tema y seguimos indagando sobre qué relevancia tiene decantarse por una tipografía u otra cuando las plataformas y aplicaciones de lecturas, o cualquier lector de tinta electrónica, ofrecen la opción de cambiar la tipografía original para leer libros digitales. También, para qué elegir una tipografía estilo serif si luego el libro se leerá en una pantalla y las sans serif son tipografías más adecuadas para este tipo de soporte.

Entonces, ¿qué relevancia tiene la elección de la tipografía para un libro digital?

Es cierto que las aplicaciones de lectura para smatphones, ordenador y tabletas, como Kindle, iBooks, 24symbols, Kobo, y lectores de tinta electrónica permiten cambiar la tipografía original de los libros digitales para leer en sus entornos.

Ofrecen tipografías serif y sans serif para elegir con qué tipo de letra se desea leer un libro y solo hay que dirigirse al símbolo Aa (o similar) y seleccionar la que más guste o se adapte a nuestros ojos. Desde esta perspectiva parecería que la elección de la tipografía para un libro digital no tiene sentido, cuando es el lector quien selecciona el tipo de letra con la que prefiere leer.

Aunque tipografía y fuente no son sinónimos, todos comprendemos perfectamente, sin equivocación, a qué nos referimos cuando hablamos de “una tipografía para un libro” o “elegir la tipografía principal de un documento”.

Por tanto, – y porque la mayoría de las personas así lo buscan en Internet – utilizaré uno y otro término para referirme a un tipo de letra, de forma indistinta.

Sin embargo, yo creo que sí tiene relevancia la selección a conciencia de una determinada tipografía para un libro; básicamente por estas tres cuestiones:


1. No renunciar a la posibilidad de publicar en otros formatos.

 

Aunque no esté planeado hacerlo en un futuro inmediato, puede surgir la oportunidad de publicar el libro en otro formato. Si se ha trabajado correctamente el archivo original, tanto en el aspecto técnico como en el estético, con una revisión y algunos ajustes, este mismo archivo sirve para exportarlo o aprovecharlo para otros formatos.
Si dentro de 3 o 6 meses se quiere publicar el libro bajo demanda, ¿qué pasaría? Que habría que hacer el trabajo de nuevo, empezando por seleccionar una fuente para el libro que se desea publicar y desarrollar una maquetación acorde, además de adecuar algunos recursos, como las imágenes, a los requerimientos técnicos de estos formatos.
¿Qué pasaría si alguien te pregunta dónde puede comprar tu libro impreso y tú tienes que decirle “es que solo está en digital”? ¿Te gustaría perder un lector por no ofrecerle la posibilidad de leer tu libro en papel?
Imagina que a ese lector le encanta tu libro y lo recomienda a otros lectores, ¿dejarías pasar una oportunidad así por no tener el libro disponible para imprimirlo bajo demanda?
Por tanto, si quieres hacer bien el trabajo y aprovechar el tiempo hay que elegir con cuidado una tipografía adecuada para la lectura del libro, además de realizar una maquetación profesional y exportar el PDF correcto, el que sirve para imprimir en una impresora digital o offset. Plataformas como Tagus, CreateSpace y Bubok exigen que el libro esté en PDF y tenga determinados parámetros para poder realizar la impresión del libro.
Tanto si eres autor como editor, imagina que te invitan a participar en un congreso o seminario y los organizadores quieren comprar tu libro para regalarlo a los asistentes ¿les dirías “es que solo lo publico en ebook”? Sería perder una gran oportunidad de que te conozcan y una oportunidad de vender tu libro máxime considerando que las ganancias serían todas para ti.
Si no tienes un archivo en condiciones, listo para enviar a imprenta, no habrá tiempo para realizar las impresiones y perderás una coyuntura poco frecuente.

2. El PDF también es un formato digital

Un libro electrónico o digital puede estar disponible, además de en EPUB y MOBI (los formatos más utilizados) también en PDF. El PDF también es un e-book, es decir, un libro electrónico, aunque tiene características diferentes a los otros dos formatos mencionados.
 
 Hay que recordar que el PDF no es “líquido”, ni repaginable y no permite la selección de una determinada tipografía para leerlo. Tal como se exporta el archivo original a PDF así lo ve el lector. Si has exportado un archivo con una tipografía legible y un cuerpo adecuado, si has cuidado la elección de la tipografía, la uniformidad de los estilos de párrafos, el correcto uso de negritas y cursivas. Si has cuidado la maquetación de todo el libro el lector te lo agradecerá, siempre. Además, esto redituará en credibilidad y seriedad, tanto para un autor como para una editorial.
 
Si te has tomado el trabajo de diseñar y maquetar un libro ¿por qué no hacerlo de tal manera que pueda servir para varios soportes?
 
Si un archivo está bien trabajado – y entiéndase por “bien trabajado” como sinónimo de bien pensado, analizado y ejecutado – puede reutilizarse para otros formatos sin tener que romperse la cabeza ni comenzar prácticamente de cero todo el trabajo.
 

3. Utilizar diferentes formatos para promocionar el libro

Aunque decidas publicar el archivo solo como libro digital en formato EPUB y/o MOBI,  tener un extracto o los primero capítulos en PDF para compartir en las redes sociales de lecturas colabora en la construcción de la presencia online del autor y de la editorial.
Redes sociales de lectura como Sinedit y Liibook permiten compartir, leer y descargar PDFs de los extractos subidos por los autores y las editoriales.
Además, si alguien quiere que le envíes los primeros capítulos del libro por correo electrónico, con seguridad será más fácil hacerlo en PDF que en otro formato.
Imagina que un agente literario o un editor solicitan que le envíes el primer capítulo de tu libro ¿le enviarías un EPUB, un MOBI o un archivo de Word? Piensa, y el sentido común te dirá que lo más adecuado es un PDF…
 
Guste o no, el PDF continúa siendo el formato digital que más se utiliza para compartir y consumir gran variedad de contenidos (y no pensemos solo en novelas, que la producción de contenidos abarca mucho más que la literatura).
A lo largo de esta entrada insisto en trabajar bien el archivo original para (re)utilizarlo para varios formatos. Pero, ¿cómo trabajar el archivo de un libro para que nos sirva para diferentes soportes?
Esto lo explicaré en otro post, que no quiero aburrirte con demasiados tecnicismos en una sola entrada.
Si tú eres del grupo de los lectores que creían que no es importante la elección de la tipografía para un libro digital. ¿Qué opinión te merecen estos tres puntos que planteo? ¡Tu opinión siempre es bien recibida!
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