CAPÍTULO 13. CONVERSACIÓN

CAPÍTULO 13. CONVERSACIÓN

CONVERSACIÓN
 
Víctor
 
 

Yo fui de los pocos no invitados a la fiesta de Alexa. Y no era para menos, ¡claro! ¿Quién querría mi presencia cuando todos los invitados eran ricos y populares? Bah… ¡patrañas!

Mi padre ni siquiera fue a la ceremonia de graduación del plantel. Él estaba demasiado ocupado cobrando las rentas de sus locales. Tampoco tuve una gran cena como el resto de mis compañeros; aunque si me preguntas: comí delicioso en el puesto de tacos de la plaza principal (y la única plaza de Villa Dorada).

Por la tarde me puse a hacer ejercicio, como usualmente lo hago. El gimnasio al aire estaba más solitario de lo normal. Hasta se alcanzaban a oír los lamentos que los coyotes lanzaban al aire allá, en las profundidades de los cerros.

Se me enchinó la piel y fue en ese momento cuando decidí regresar a mi casa. Papá no estaba, probablemente estaría con alguna de sus conquistas. La casa estaba tan solitaria y tétrica que debo de admitir que me dio un poco de miedo y fui hasta mi habitación.

Allí me encerré toda la tarde (o lo que quedaba de ella). Encendí el televisor y empecé a sintonizar un reallity show de MTV donde hay chicos y chicas de buen cuerpo que viven de fiesta en fiesta. Algún día tendría el cuerpo de ellos. O al menos lo intentaría. Al cabo de un rato me llegó un mensaje de Matías.

¡Qué pasa! ¿No fuiste a la fiesta de Alexa?
Le respondí:
No, no fui invitado. Y tampoco quería ir.
 
Casi al instante él me respondió:
 
MATÍAS: Pues deberías venir a mi casa. Yo tampoco estoy haciendo nada. ¿Qué te parece si jugamos videojuegos toda la noche? La cena que me hicieron mis padres ya terminó.
VÍCTOR: No tengo muchas ganas de salir. Mejor te veo mañana. Paso a tu casa a eso del mediodía y vemos qué podemos hacer.
MATÍAS: ¡Está bien! Que tengas buena noche…
Y se desconectó de Facebook.
Empecé a entrar en un estado de somnolencia, hasta que varias notificaciones llegándome en un solo momento me sorprendieron.
A Dawn Walker le han gustado 20 fotos tuyas.
 
Y luego, me llegó un mensaje de ella:
 
DAWN: ¿Cómo estás? ¡Buenas noches! Puedo ver en tus fotos que te gusta hacer ejercicio.
VÍCTOR: Hola, guapa. Pues no hago gran cosa, pero gracias.
DAWN: Gracias a ti por lo de guapa. Aunque tú no te quedas atrás.
VÍCTOR: Me sonrojas. Pero, oye, ¿eres de aquí, de Villa Dorada?
DAWN: Mmm… en realidad no. Soy de la capital pero tengo algunos conocidos en Villa Dorada. ¿Cuántos años tienes? Yo tengo 21, pero mis amigas dicen que me veo más chica. Es obvio que me tienen envidia y las entiendo. Ja, ja, ja…
VÍCTOR: Tengo 19. Y pues sí, seguro te tienen envidia. La verdad eres hermosa. Me gustaría conocerte aún más.
DAWN: Pues estoy disponible. Hace tiempo que no tengo novio. La verdad también te me haces una persona muy atractiva. Me gustan atléticos.
VÍCTOR: ¿Qué te parece si nos quedamos de ver algún día?
DAWN: No lo sé. Soy una chica ocupada. Aunque si quieres podemos empezar a conocernos por aquí.
VÍCTOR: Está bien… pero ¿puedo preguntarte algo? Espero no incomodar.
DAWN: Pregunta lo que quieras.
VÍCTOR: ¿tú conocías a Diego? Veo que era amigo tuyo aquí, en Facebook.
DAWN: ¿Diego? ¿Cuál Diego?
VÍCTOR: Un chico que se suicidó hace poco.
DAWN: Ah, ya. Lo recuerdo. Pues, se puede decir que sí lo conocía, pero no de la forma en la que estás pensando. Aunque bueno, si se mató fue por algo. ¿No crees?
VÍCTOR: Seguro tenía problemas.
DAWN: ¡Claro que los tenía! Y muy graves.
VÍCTOR: ¿Por qué dices eso? ¿Sabías por lo que pasaba Diego antes de matarse?
DAWN: Mejor cambiemos de tema. No me gusta hablar de personas que ya fallecieron. Hay que dejarlas descansar…
VÍCTOR: Mmm… está bien.
DAWN: Y cuéntame, ¿a qué te dedicas?
VÍCTOR: Hasta hace poco estaba estudiando. Hoy fue mi graduación.
DAWN: Felicidades. ¿Entonces te mudarás a la capital para estudiar la universidad?
VÍCTOR: No, no voy a entrar a la universidad.
DAWN: Bueno, es aceptable; todas las personas tienen decisiones distintas.
VÍCTOR: ¿Y tú a qué te dedicas?
DAWN: En este momento estoy incursionando en el mundo del modelaje. Nada importante: hasta ahora soy edecán. Además estudio Economía los fines de semana. ¿Te gustaría ver una foto mía?
VÍCTOR: Pues sí, aunque en tu galería tienes algunas.
DAWN: En esas me veo fea. Mira esto.
DAWN WALKER HA ENVIADO UNA FOTO.
 
Mi mayor sorpresa fue que en la foto traía poca ropa. A pesar de que se tapaba la entrepierna con una toalla húmeda, se le veía el resto del cuerpo desnudo; su piel era de un color cobrizo brillante y de su rostro sólo se veía la mitad.
 
La foto me encantó.
DAWN: ¿Qué te parece la foto, guapo?
VÍCTOR: Wow… eres hermosa.
DAWN: Lo sé. Ahora me gustaría verte.
 

 

Y le mandé una fotografía.
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Deambulando

Deambulando

Siento que navego a ciegas,
porque perdí mi lucero guía
y no sé donde estoy
ni hacia dónde voy. 
Es que mis alas locas sin control
desorientaron su vuelo,
irrumpiendo torpes el vuelo grácil
de mi hermosa bandada. 
Fiebre icariana que vertiginosa
pretendía hundir hasta estrellar
aquel sin par vuelo en formación,
plácido, rico, espectacular. 
Había que redomar
esta demencia inconsciente,
en cielos limpios, sin más compañía
que la pasión por recuperar mi lucero. 
Ahora mismo apenas puedo
disparar al azar bengalas índigo,
para que encuentres en sus trazos
mi cordura y mis infinitas ansias de tu cobijo. 
Para que mis roncos gritos de auxilio.
encuentren tus gorjeos,
el concierto de nuestro acompasado aletear
y en la misma faz del sol
nuestras sombras danzando juntas
alegres, completas, felices.
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CAPÍTULO 12. LA FIESTA

CAPÍTULO 12. LA FIESTA

 

LA FIESTA
 
Alexa
 
Cuando todos lanzaron los birretes por los aires, los flashes de las fotografías me cegaron. Mi madre estaba cargando un ramo de rosas y corrí a abrazarla llena de felicidad. No sólo estaba celebrando que me había graduado del bachillerato; también festejaba porque al fin me iba a ir de ese maldito pueblo. Me esperaba Nueva York y una de las mejores universidades en toda la costa este de los Estados Unidos. Caterina me llamaba pija, pero si tenía la oportunidad de estudiar en el extranjero pues no la iba a desaprovechar.
Después de que abracé a mamá, vi a Rogelio parado en la entrada de la escuela; entre sus manos cargaba el ramo más grande de rosas blancas que haya visto en mi vida. Escrutaba con su mirada el interior de la escuela, intentando hallarme entre la multitud de estudiantes que lloraban y abrazaban a sus amistades: ¡cómo si nunca fueran a verlos!
        Creo que vienen a verte. dijo mamá sonriendo. Fui hasta donde estaba Rogelio moviendo mi cabello rojizo por los aires. Me vio y lo primero que hizo fue sonreírme.
Me entregó el ramo de flores que difícilmente pude cargar y luego me propinó un suave abrazo.
        Muchas felicidades. Espero que esta no sea la última graduación. – dijo tiernamente. Le di un beso en la mejilla–. Aún me da risa aquella vez que te asusté en la noche corriendo hacia ti.
Sí. Él era la sombra que me había perseguido aquella noche cuando salía de la casa de Diego. Aunque estaba completamente segura de que la sombra del primer día (la que vimos con Caterina) no era Rogelio.


        Todavía me pregunto qué hacías a esa hora en la calle. – dijo.
        Pues… fui a casa de Caterina y…
        Bueno, da igual… lamento haberte asustado. Tengo que retirarme, pero…
        Habrá una fiesta en mi casa, hoy por la noche. – lo invité–. Me gustaría que vinieras. – aseguré.
¡Realmente me oía convincente! Sí: me oía; porque no estaba convencida de que lo quería en mi fiesta. Ya tenía otros chicos invitados y…
        Bueno… es que el chico que murió ayer era mi primo. – susurró rápidamente.
        Ah, claro… el otro suicida. – esas palabras sonaron más agresivas de lo que pensé–. Bueno, entonces te veo luego. – y me retiré contoneando las caderas.
Me tomé algunas fotos con Caterina y también con algunos profesores, ya sabes: sólo por educación; las borraría cuando llegase a mi casa. Mamá me apuró porque teníamos más cosas qué hacer.
 
Papá llegaría al aeropuerto de la capital al medio día, por lo que debíamos ir a recogerlo. Por su parte, Caterina se quedaría en mi casa preparando todo para la fiesta; a la cual estaban invitados la mayor parte de alumnos. Mientras tanto, mamá y yo atravesábamos las sinuosas carreteras que conectaban Villa Dorada con la capital del estado.
 
        ¿Conocías al chico que murió ayer? – inquirió mamá sin despegar la vista del volante. Me iba poniendo un pintalabios morado, por lo que no le respondí de inmediato.
        Mmm… tenía una noción de él. ¡Era un perdedor!
        Alexa, debes tratar de ser más amable con las personas. – susurró ella; pero ni siquiera lo reprendió como una madre debería hacerlo.
A veces era molesta la actitud blanda de mi madre. Todo para ella era bello… todo era hermoso.
Llegamos al aeropuerto más pronto de lo debido y cuando vi a mi padre lo abracé sin ganas.
        Felicidades. – traía consigo un nuevo teléfono–. ¿Estás lista para tu etapa universitaria?
        Pensé que me traerías uno color rosa. – apunté de mala gana viendo el celular de última generación. Tomé la caja y se la di a mi madre–. Y sí, creo que estoy lista para mi etapa universitaria.
Regresamos a Villa Dorada a eso de las cinco de la tarde. Ya había globos en el jardín y el DJ se estaba instalando; en una mesa había golosinas y bebidas alcohólicas. Mis padres saldrían a cenar a la capital (obviamente no sólo a eso), por lo que la casa era toda mía el resto de la noche.
 
A las nueve empezaron a llegar los invitados. Entre ellos, estaban tanto los graduados del bachillerato, como otras personas de Villa Dorada y de Torres de Alicante.
 
Caterina lucía sexy con un vestido negro que se pegaba a su cuerpo, llevaba tacones plateados y el cabello suelto sobre los hombros. Pero yo me veía mejor: mi vestido corto color menta hacía resaltar mis caderas y mis senos, me puse unos tacones color caqui que elevaban más mi estatura. En ese momento, yo era la envidia de todas las chicas presentes.
 
El DJ empezaba a animar el ambiente paulatinamente.
 
Aproveché un espacio para ir a darles la bienvenida a un par de amigos que habían llegado y que no eran de Villa Dorada, sino de la capital del estado. Traían cervezas y una que otra botella de tequila y whisky de muy elevado costo. Su Audi rojo estaba estacionado enfrente de mi casa: ellos despedían todo un aire de opulencia y derroche monetario. Ambos me comieron con la mirada. Y, ¿por qué no hacerlo?
 
Las malas lenguas decían que se dedicaban al tráfico de drogas y que tenían contacto con las mafias colombianas y norteamericanas. Pero, en realidad, eso me importaba en lo más mínimo; ellos habían venido a mi casa y me iba a encargar de que se lo pasaran bien.
 
        Tienes buen ambiente, Alexa. – comentó Alexis (el mayor de ellos) sonriendo de lado. Se quitó la chamarra de piel dejando al descubierto sus imponentes brazos bien trabajados. Cadenas de oro puro pendían de su cuello. El otro chico, Fernando, se mantenía más al margen.
        Gracias, espero que así esté toda la noche. – guiñé un ojo–. Bienvenidos, y espero que se lo pasen bien. – lo tomé de la mano y lo conduje hacia el interior del jardín. Ya resonaba la música electrónica y las luces neón viajaban por los aires, como fantasmas sacados de otra dimensión.
Empezaron a llegar más invitados, pero no me tomé la molestia de hacerlos pasar; Caterina lo hizo, porque se lo ordené.
Para las diez de la noche mi jardín estaba repleto de personas que bailaban como posesas y lucían perfectamente embriagadas. Yo bebía tequila con Alexis mientras me movía suavemente al compás de la música.
Empezó una famosa canción de reggaeton y el mundo se volvió loco. La gente alzó los brazos y la noche misma empezó a bailar. El grado de alcohol en mi sangre era demasiado; pero ni así pude evitar sentir las manos de Alexis rodeándome de la cintura y llevándome hacia el interior de la pista.
El mundo entero me daba vueltas. Todo se volvía difuso; a pesar de ello, bailaba al ritmo de la música, enredando mis brazos en su cuello y atrayéndolo hacia mis labios.
El beso supo a alcohol y a una extraña sustancia que adormeció mi boca. Él sonrió en mitad de la noche y seguimos bailando unos cuantos minutos.
Entre el gentío pude ver a Caterina escabulléndose hacia la parte trasera de mi casa con un chico que no pude reconocer. Parecía semidesnuda.
Alexis cada vez bajaba más sus manos hacia mis glúteos sin llegar a tocarlos por completo. Y para que no se quedara con las ganas, yo misma puse sus manos en mi trasero. Soltó una risotada y luego empezó a besarme el cuello sin apartar sus manos de mí.
Me giré a mirarlo, pero ya no veía a Alexis, sino a Diego. Recordé la fiesta que había organizado semanas atrás, donde yo bailaba con Diego de la misma manera como lo estaba haciendo en ese momento. Intenté apartarme y al querer hacerlo estuve a punto de caer. El estómago se me revolvió y vomité en el suelo.
        Bebe… – ordenó dándome licor de su vaso. Tomé sin pensar que probablemente esa bebida tenía algo más que alcohol.
Y tiró de nuevo de mí hacia sí.
En todo el jardín imperaba un olor agrio y dulzón, pero la extraña sustancia que me dio a beber me devolvió la felicidad. La música ahora era solo un eco lejano de mi hogar. Sentí unas manos deslizándose por mi entrepierna y luego un arrebatado beso en los labios.
Alexis me cargó y me alejó del gentío.
        ¿Dónde está tu habitación? – me preguntó ya cuando estábamos en el interior de mi casa.
        Arriba, la segunda puerta a la izquierda… – hablé entre risas. ¿Qué me había dado en esa bebida? Mis neuronas se negaban a conectarse.
Sentí mi cuerpo caer en una superficie blanda: mi cama.
Abruptamente mi vestido desapareció y reí todavía más. Luego, sentí un fuerte y cálido cuerpo desnudo sobre mí. Unas manos apretaron mis senos y entonces me aproveché para tocarlo también a él.
Te mentiría si digo que no me acuerdo del resto.
Estaba ebria (y posiblemente drogada), pero siempre fui consciente de lo que hicimos. Y créeme que fue la mejor noche de mi vida.
¿Fui una tonta?
Pues sí, acertaste…
Pero hay personas que fueron más tontas.

 

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