DESAFÍO
 
Víctor
 
 
DAWN: Buen día, ¿qué tal amaneciste hoy?
Era lo que decía un mensaje de Dawn que leí cuando desperté.
Lo curioso del mensaje era que me lo había mandado a las cinco de la mañana.
Me froté los ojos y estiré mis brazos antes de contestarle. No se me olvida la otra vez que pensé que probablemente me estaba espiando: Acabas de llegar del bosque, dijo. Luego aclaró la situación y me comentó que sólo había dicho eso a modo de broma. No le creí tanto.
VÍCTOR: Bien, fue una noche agradable. Buen día. Por cierto, soñé contigo.
En el sueño solo éramos ella y yo, fundiéndonos en un abrazo en medio de la plaza de Villa Dorada.
Era más hermosa de lo que mi imaginación lo pintaba; incluso más que las fotografías que tenía en Facebook.
Le conté a Dawn mi sueño y lo único que me envió fue un emoticón con corazones.
Divagué un poco por las fotografías de la chica y caí en la cuenta de que todas las habían publicado el mismo día, dos años atrás; actualmente podría estar diferente.
Tenía más de tres mil amigos, una gran cantidad de ellos eran fisioculturistas y jóvenes universitarios.
Por supuesto, estaba Diego; pero también el otro chico que se había suicidado días atrás.
No tenía gran cosa en la sección de información; sólo decía que era de sexo femenino y tenía su fecha de nacimiento. Seguía muy pocas páginas: algunas revistas de moda y de nutrición. Por un momento llegué a pensar que fuese un perfil falso, porque las publicaciones de sus fotos se limitaban a dos años atrás.
Por lo que le pregunté de inmediato:
VÍCTOR: ¿Por qué no tienes fotos recientes?
DAWN: Me las roban. Descubrí algunas cuentas falsas con mi nombre y usando mis fotos.
VÍCTOR: ¿Podrías mandarme una de cómo estés en este momento?
Y la mandó.
Al igual que esa, mandó algunas otras más demostrando que no era un perfil falso. De cualquier manera en la que yo le pedía la foto, ella la enviaba.
DAWN: Me gustaría verte.
…dijo eso, por sorpresa. A mí también me gustaría verla; y por mí no había ningún problema, yo podía ir a la capital.
VÍCTOR: Puedo ir a la capital a visitarte.
DAWN: Ya te había dicho que soy una chica muy ocupada. Probablemente no podamos vernos tan pronto, aunque de verdad quiera hacerlo.
VÍCTOR: ¿Podrías venir a Villa Dorada?
DAWN: NO.
VÍCTOR: ¿Por qué el otro día entonces me dijiste que nos viéramos en el bosque?
DAWN: Bueno, sólo se me ocurrió decirte eso; tú sabes que yo no podría estar en el bosque en mitad de la noche.
VÍCTOR: Lo sé, cariño.
DAWN: Aun así me gustaría preguntarte una cosa.
VÍCTOR: Hazlo.

 

DAWN: ¿Qué estás dispuesto a hacer por mí? ¿Pondrías tu vida en peligro?
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